Cassano se despidió de la clásica (La Nación)

julio 3, 2012

Cassano se despidió de la clásica (La Nación)
Martes 03 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa

Danza / Una noche para el recuerdo

Cassano se despidió de la clásica

Con el Ballet Argentino de La Plata y Luis Ortigoza como partenaire, bailó La bayadera en el Luna Park

Por Néstor Tirri | Para LA NACION

Primero llega Solor, el noble guerrero celebrado por sus triunfos; es Luis Ortigoza, primer bailarín visitante que recibe un aplauso de bienvenida. Después, cuando el sacerdote o Gran Brahmín alza el velo que cubre el rostro de la núbil Nykia (la bailarina o bayadera del templo), la rebosante platea del Luna Park estalla en un prolongado batir de palmas: han reconocido a Eleonora Cassano, la notable figura de la danza argentina que, a los 47 años, decidió imponer un cierre definido a la brillante carrera que cumplió en el dominio académico.

El encuentro de Nykia y Solor da lugar a un primer dúo en el que los intérpretes lucirán su técnica impecable: Eleonora, espigada y grácil como en el día de su debut; Ortigoza, con las virtudes que movieron a Marcia Haydée (directora del Ballet de Santiago) a consagrarlo Primer Bailarín Estrella de la compañía trasandina. Ella, que durante años fue la pareja emblemática de Julio Bocca, merecía, al final del camino, un partenaire de este calibre.

Si Natalia Makárova eligió a una gran figura internacional (justamente, Bocca) para retirarse de la danza con la escena del balcón de Romeo y Julieta, de McMillan, Eleonora convocó a un coterráneo casi de su generación que triunfa en el exterior. Y lo hizo no con una escena, sino con un ballet completo. Emblemático, además, en el repertorio de lo clásico-romántico, algo que la desafiara a componer un personaje no etéreo, sino pleno de humanidad. Así es que La bayadera (reelaboración que Petipa acometió en 1877, después de una sucesión de adaptaciones de un poema de la India del siglo XV, ahora revisada por el propio Ortigoza) exalta a la sufriente Nykia, víctima de un juego de poder: el Rajá impone a su hija Gamzati al héroe Solor, y la frágil pero orgullosa bayadera renuncia a sobrevivir antes que ver a su amado en otros brazos.

Cassano, sea como primera figura femenina del Ballet Argentino cuanto en su condición de artista independiente, deja atrás una trayectoria contundente: Romeo y Julieta, Don Quijote (una Kitri inolvidable), Giselle, Manon, Bella Durmiente, El lago de los cisnes, así como de la impronta de Roland Petit en El joven y la muerte, o la de Jerome Robbins en Other Dances; también, creaciones locales de primera mano como Adiós, hermano cruel (Ana María Stekelman), o piezas de Mauricio Wainrot, Julio López o Alejandro Cervera. Contemporáneamente cultivó una vena más ligera en el musical, en el Maipo.

En el cierre de un periplo, acompañada por la Orquesta Académica conducida por Carlos Calleja y por el muy correcto Ballet del Teatro Argentino, que dirige Mario Galizzi, amén del sostén de Ortigoza (límpido y preciso en sus double tours en l’air) y sin descuidar las pericias técnicas de sus fervientes déboulés en diagonal, Cassano tuvo su momento culminante de La bayadera en la danza de la serpiente, un pasaje que desafía más a la expresividad dramática que a los virtuosismos. Una capacidad interpretativa que ningún artista alcanza antes de la madurez. Punto final, pero sólo de un párrafo. Habrá nuevos despertares de Eleonora Cassano, seguramente encaramada -otra vez- en los brillos del musical. Si hoy nos pone melancólicos esta despedida, habrá espacio para una nueva bienvenida en otro terreno: hasta pronto, «Ele».

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1487137-cassano-se-despidio-de-la-clasica

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