“No es la suerte, es el destino” – Sebastián Borensztein en La Nación

marzo 28, 2011

“No es la suerte, es el destino” – Sebastián Borensztein en La Nación

Cine / Estreno de hoy

“No es la suerte, es el destino”

Sebastián Borensztein vuelve con Un cuento chino, protagonizado por Ricardo Darín

Jueves 24 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Claudio D. Minghetti
LA NACION

Sebastián Borensztein vuelve a la carga con Un cuento chino , una nueva comedia dramática o drama acomediado, con eje en un protagonista absoluto, Ricardo Darín. El hijo menor de Tato Bores habló con La Nacion acerca de cine, la película que hoy estrenan Pampa Films y Tornasol, y de la TV, el espacio donde entre 2000 y 2002 presentó Tiempo final , la innovadora serie que produjo en forma independiente con su hermano Alejandro y Mariano Berterreix.

-¿De nuevo la suerte?

-No es la suerte, es el destino.

-¿Está escrito??

-Soy un convencido de que uno escribe gran parte de su propio destino, pero siempre hay un componente azaroso que se te cruza, Vos tomás la decisión de ir un día al bosque, al campo o al lago, sentarte en un barquito y pasar un lindo día, todo eso lo fuiste construyendo vos, pero el accidente que se te cruza, no. Si todo el conjunto está escrito o no es una pregunta para la filosofía, que se me escapa por completo.

-No es una comedia de gags?

-No, para nada. Es oscura.

-Con dos personajes hay que sostener el ritmo?

-Con menos personajes y menos posibilidad de explotar situaciones que en La suerte está echada . Creo que tiene que ver con un aprendizaje. Por suerte creo haber dado un paso y haber evolucionado narrativamente. Lo otro tiene que ver con algo instintivo. A mí, la lentitud me aburre. Lo más natural es que cuando yo cuente una historia siempre tienda a tener un ritmo, lo que no significa que yo no pueda disfrutar otras historias que van más lentas, pero a mí no me sale escribirlas. La convivencia entre un personaje hosco, molesto con la presencia de otro al que no puede ubicar ni terminar de entender, obliga a una ansiedad. El personaje de Ricardo está ansioso por deshacerse del chino y es una premisa que para mí marca cierto ritmo. Es complicado, pero como hay un trasfondo de la tragedia que vive tanto uno como el otro, creo que el espectador está percibiendo que en algún momento se va a desatar una cosa que va un poco más allá de lo que se ve.

-Sin embargo se conoce poco de Roberto aparte de sus mañas?

-La consecuencia del problema de Roberto está expuesta de entrada: es un tipo que quiere y no puede, está peleado con la vida. Lo que dejamos para el final es saber por qué no puede? porque está peleado con el sistema.

-¿Cómo nació ese personaje?

-Es el típico argentino medio de mi generación y un poco mayor, cagado a palos por el sistema. Su reloj se ha detenido hace treinta años y ha vivido atrincherado en su casa, hasta que un extraño evento le abre la puerta a la posibilidad de algo mejor.

-¿En qué medida el personaje fue devorado por Ricardo o al revés?

-Ricardo es todo lo contrario de Roberto. El personaje está más inspirado en mí que en él. Me siento identificado en el sentido de que el sistema está construido para cagarnos todo el tiempo y uno quiere ver como zafar de eso. Tengo esa mirada. Soy muy protestón de lo injusto. Mi mujer me dice que Roberto soy yo, que estoy contra los servicios, los sistemas, las cosas. Todos somos así. Algunos son más mansos y se la bancan más, pero todos estamos como desprotegidos. No fue difícil escribirlo. Toda la sociedad está expuesta a ese desamparo que siente Roberto.

-En su tiempo innovaste con una forma de hacer TV hasta entonces no explorada, desde fuera de las estructuras? ¿Qué pensás ahora del espectador frente a una TV que hace agua?

-La TV ahora no está buena, salvo algunas excepciones, porque siempre hay gente que trata de cuidar su espacio. En ese tiempo decía que me hacía cargo del espacio que yo ocupaba en la TV, de la hora que me tocaba, porque no me podía hacer cargo de lo que pasaba a mi alrededor. Mucha gente se hace cargo, y muy bien, del espacio que le toca, pero la gran masa, el resto, no. Sin embargo, creo en el poder democrático del control remoto? es más: en el poder autoritario del control remoto. Nadie te obliga: si no te gusta, no lo mires. Hoy, por lo general, tenés más opciones. La TV que miro es la de los documentales y los noticieros. Pero si quiero ver una serie, la verdad es que hay que buscar lo que se hace en serio, estilo Mad Men o 24 . Hay una regionalización de la ficción que quedó en manos de Estados Unidos. Ahora la TV local se volvió más local y lo local es más los chimentos.

-Te inclinaste por el cine, pero ¿volverías a hacer TV?

-No me peleé con la TV. Tomé una decisión.

-Supongo que hubo quienes quisieron que la sigas haciendo?

-La cosa no funciona así. La lógica es ésta: nadie te necesita y por eso no estoy. No existe que alguien te llame y te diga: “Che, macho, vos que tuviste una buena idea ¿por qué no tratás de tener otra y me venís a ver?”. Si estás, estás y si no, no. Si me preguntás, yo te digo: como yo la entiendo, la TV es un medio que me gusta y si se diera la posibilidad de desarrollar algo interesante para poner el cuerpo, lo haría. Eso hoy no existe.

-¿Pensás que finalmente el público va a reaccionar?

-Me da la impresión de que por el momento no. Porque la TV tuvo históricamente ciclos de alta y de baja, donde por costos se borraba la ficción del aire y después volvía. Hoy, como hay alternativas que vienen por otro lado, sea Internet o cable, no creo que la TV local pueda competir en interés o nivel de realizaciones en materia de ficción con las que vienen de los Estados Unidos, y me parece que la tendencia es difícil de revertir. En su época, nosotros inauguramos lo que se conoce como TV independiente, Eso pudo darse en la década del 90, pero después se terminó. Las grandes producciones volvieron a pertenecer a los canales. Hacer TV independiente hoy es muy difícil, porque si armás un proyecto la gente a la que convocás queda en relación de dependencia? y si a los trece capítulos la cosa no va, el desastre es irremediable. Olvídense: el emprendimiento independiente no existe más.

-Te estás pareciendo al personaje de Roberto?

-De alguna manera, sí. A mí, la TV me sigue gustando como medio para contar cosas, y si hubiera condiciones interesantes sería bueno hacerla, pero para eso tiene que pasar un rato largo.

-La capacidad profesional es alta?

-Sí, es muy alta. Tengo enorme fe en las generaciones que se formaron en democracia, en los más jóvenes. Tengo la sensación de que esos pibes, que vienen con una información que absorben de otra manera, son la esperanza de que puede darse un grito de Alcorta que diga: “No macho, basta de esta mierda, vamos a hacer otra cosa”. Ahí tengo puesta mi expectativa de cambio. Lo que puedo aportar es mi experiencia. No creo que en TV pueda ser nuevamente punta de lanza como hace quince o veinte años. Hoy les toca a otros más jóvenes tirar abajo otras puertas.

-¿Y en cuanto a cine?

-No tenemos una industria. La realidad es que una industria de cine no se desarrolla sin géneros. La Argentina tiene prestigio en festivales, en cine independiente, más cerrado y elitista si se quiere. Eso es bueno. El cine que mueve la taquilla, que hace que haya trabajo para todos, es más industrial, que tiene que ver con los géneros. Dentro del género podés ser más autoral. Yo me incluyo en esa línea. La Argentina debería promover que se hagan más películas de género, que haya más equilibrio. No es una cosa u otra. No tiene que haber pelea entre el cine versus el cine. Hay cine malo o bueno dentro de lo que es. Creo que el mejor y peor cine del mundo viene del mismo lugar, los Estados Unidos. El cine norteamericano es el modelo a seguir. Creo que lo que deberíamos hacer es fomentar el desarrollo del cine de género, con el que se puede entrenar a los guionistas. La mayoría del cine argentino de 2010 no llevó ni a 2000 espectadores. No debería ser así. La gente tiene que tener elementos para poder definir qué ver. Los americanos han entendido perfectamente bien cómo se hace cine y por eso son los dueños del cine mundial y ahora van por el total de las pantallas. Han entendido lo que es una industria, con artistas que van de lo independiente al establishment, como Christopher Nolan. Juzgar no tiene sentido. Es como con la tele: si te gusta, mirala; si no, ni la veas.

VOZ PROPIA” Los norteamericanos entendieron perfectamente como se hace cine y por eso son los dueños del cine mundial y van por el total de las pantallas”

” Hay una regionalización de la ficción, que quedo en manos de Estados Unidos. Ahora la tv local se volvió mas local, y lo local son más los chimentos ”

“La TV que miro es la de los documentales y los noticieros, pero si quiero ver una serie, la verdad es que hay que ver lo que se hace en serio, es decir estilo Mad Men o 24

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1359842-no-es-la-suerte-es-el-destino

Un director impactado por una noticia absurda

Jueves 24 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Un informe de la embajada de Alemania en Moscú, publicado por el diario Komsomolskaja Prawda en diciembre de 2007 y después difundido por la agencia Reuters, reveló que una vaca había caído del cielo y hundió un pesquero japonés. Al parecer, varios animales habían sido robados por un grupo de soldados rusos, se descontrolaron y, en consecuencia, arrojados al mar, adonde al menos uno cayó como un misil de 700 kilos sobre la embarcación.

La idea interesó a Sebastián Borensztein, que adaptó aquella anécdota. Esta vez se trata de un chino que, a bordo de un sampan, tiene tanta mala suerte que la vaca le cae encima.

Más o menos así comienza Un cuento chino , la película con la que su autor apuesta por tercera vez en el cine, a seis años de La suerte está echada , su ópera prima, y a dos de Sin memoria , un “thriller mexicano por encargo”, no estrenado aquí.

Pero, ¿cómo es que este chino termina vinculándose a un argentino? Llegado a Buenos Aires, Jun se cruzará accidentalmente con Roberto, un ferretero de pocas pulgas marcado a fuego por el recuerdo de sus padres, y de Malvinas. Roberto es coleccionista de noticias absurdas, entre ellas la de la vaca que cayó del cielo. A pesar de que Roberto no puede convivir con nadie porque es un maniático, acepta llevarlo a su casa y así comienza una convivencia forzada. Roberto quiere deshacerse de él, sin embargo, no puede. Es que tienen en común algo más que el lugar donde se cruzan: el absurdo y el dolor, ya sea el desatado por una vaca o simplemente una guerra imposible.

Roberto, que no habla chino, es Ricardo Darín, Jun, el chino que no habla castellano, es Huang Sheng (o Ignacio Huang). La chica provinciana enamorada de Roberto es Muriel Santa Ana.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1359835-un-director-impactado-por-una-noticia-absurda

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