RICARDO DARIN en Diario Perfil

marzo 28, 2011

RICARDO DARIN en Diario Perfil
espectáculos

RICARDO DARIN

“Me parece que acá les tenemos miedo a las palabras”

El actor estrenó Un cuento chino, con el que volvió a la pantalla grande, y arremete contra la polémica que se desató por sus dichos sobre la marihuana; aclara que fuma cuando se le canta y nadie le convida. Su emotivo recuerdo de Bielinsky.

Por Juan Manuel Domínguez

Recién estrenada, Un cuento chino es la nueva película tanto del director Sebastián Borensztein como de Ricardo Darín. Es la posibilidad de comprobar, ahora en una coproducción de Pampa Films (Pablo Bossi y Juan Pablo Buscarini) y la española Tornasol Films –la misma que produjo el film de Campanella–, cómo Darín es realmente otra cosa. Una cosa que una declaración sobre la marihuana, de pasada, parece mostrar que no está ahí pero que es innegable: Darín se renueva, film a film, como un actor tremendo, nuclear, de esos que marcan historias –la del film y la que sucede fuera del mismo–.

—La semana pasada se armó una pequeña polémica a partir de una declaración que hiciste acerca de la marihuana. ¿Creés que fue muy estúpido todo lo que se generó, considerando que hay una ley en marcha para aprobar el consumo personal y que hay cierta idea medio hipócrita de que “Darín es un vivo bárbaro”, pero que apenas se puede, entra a circular la cosa retrógrada?

—Es que es así, cuando raspás un poco la coraza se nota. Yo soy de los que cree que no hay mal que por bien no venga, salvo algunas excepciones. Algunos bienes podríamos dejarlos pasar, de lado. A mí me sirvió esta experiencia: yo me enoje muchísimo conmigo mismo, desde el lugar de “que estúpido, no tengo ninguna necesidad”. Yo me relajé, estaba en campaña de promoción de la película y la chica que me entrevistaba me dijo que era su primera nota, si podíamos hablar de todo. Periodista novata, me pregunta si podemos hablar de todo, dije: “Sí, claro, ¿cómo no?” Eso abrió la puerta a que ella me preguntará si yo con mis hijos hablaba de todo.

—¿Y lo hacés?

—Con mis hijos y con todos, hay cosas que merecen ser tratadas, sobre todo, por una cuestión de información. Porque creo que uno de los grandes problemas nuestros es la ignorancia. Lo de la marihuana no era factotum de charla, “¿De sexo hablás?” sí, “¿De droga sí?” Por supuesto que los que levantan eso levantan solamente un epígrafe. No levantan todo lo demás que dije, que me recontracagué en la cocaína, las pastillas, las drogas legales, el alcohol y el cigarrillo. Pero creo que lo peor de todo es la ignorancia, el prohibirse hablar del tema. Me da la sensación y es lo que me quedó de lección de todo esto, que no sé si lo que espanta más es el hecho de que yo haya reconocido que en alguna oportunidad o cuando se me canta el forro del culo le pego una pitada a un porro o que mencione la palabra “marihuana”. Me parece que acá les tenemos miedo a las palabras. ¿Vos te acordás la época que no se podía mencionar el cáncer? Esa es la cuna de la ignorancia: el miedo a las palabras.

—¿Puede ser que todavía sea una noticia si alguien fuma o no marihuana para consumo personal?

—Es que somos arcaicos. Si esto lo dice un músico de rock, no levantás polvareda, no pasa nada, y es más, casi queda como una viveza, una anécdota más. Me gustaría aclarar que esa no fue la intención, no me quise hacer la rana, el banana, ni nada que se le parezca. Hay gente que se sintió ofendida y tocada, creo que tiene que ver con una brecha generacional. Digo, si decís que te tomaste tres whiskies en tu casa, está todo bien, te dicen: “Que bárbaro”. Ahora, si le das una pitada a un porro, sos un drogadicto. Ya sabemos que hay gente que se permite analizar un poco más allá de lo que significan las palabras. Pero hay mucha gente que no, que se queda repitiendo preconceptos, entonces, para esa gente es necesario una explicación: que no fue una frase caprichosa, que tenía una explicación, y donde dejaba clara mi posición. Además, quedo como un boludo. “Fumo cuando me convidan”, cosa que no es cierta, fumo cuando se me canta el culo. Además, nadie te convida (risas).

—Fue extraño, también, que te corrieran de ese lugar que ahora ocupás de “primer actor” y te movieran al lugar del chiquitaje, del chisme.

—Pero es bueno saber eso. Es bueno enterarse de cosas episódicamente. Estar al tanto de cómo funcionan las cosas. Hay gente que puede estar esperando el paso en falso. Yo nunca sentí eso. Para mí, los excesos son una mierda: si comés mucho, si tomás mucho alcohol, las drogas, y la ausencia de información. Sirve para aprender.

—Cambiando de tema, ¿Cómo fue el laburo con Boresnztein en “Un cuento chino”?

—Muy bueno. Hace tres años veníamos con esto. Recorrimos un período juntos que pasó volando, no nos dimos cuenta. Desde que nos juntamos todo fue rápido, en el sentido de que encontramos el elenco que queríamos y el equipo que queríamos. No es que me ponga nervioso frente al estreno, es que me da ansiedad ver cómo la historia llega a su destinatario final.

—¿Tres años? Eso implica que ya estabas trabajando cuando hacías otras cosas, como “El secreto de sus ojos” o “Carancho”. ¿Cómo elegís los proyectos en que estás?

—No tengo una fórmula. Me acerco a los proyectos que creo que tienen jugo, que son nutritivos. No necesariamente tienen que tener un hipermensaje o tener como propósito salvar a la humanidad. Sólo con que te entretenga, te divierta, con buenas herramientas, vale la pena prestarle atención. A la hora de decidir, yo no sé muy bien si uno es el que elige o si hay una especie de concordancia entre que vos elegís el proyecto y el proyecto te elige a vos. Trato de estar atento a lo que siento adentro, si me llama jugarme ahí o no.

—¿Ténes ganas de volver a dirigir?

—Es imprescindible, absolutamente necesario ordenarme en el sentido del cuento que quiero contar. Pero sí. Me pasa un poco a otra edad lo que creo que les pasa a los tipos que hacen su ópera prima, de golpe quieren contar tantas cosas que les resulta muy difícil contar una. La selección de cuál es la historia que quiero contar es donde tengo el foco puesto. Me tomará mi tiempo.

—¿Lo extrañas mucho a Fabián Bielinsky, el director de “Nueve Reinas” y “El aura”? Porque el cine, seguro que lo extraña.

—Yo también. Además de que lo extraño mucho como persona, ya que éramos muy, muy amigos. Y todavía hoy me duele. Hay algo que opera un poco contra de lo que normalmente sería un duelo, que es que yo no lo vi. No lo vi. La última vez que yo hable con él fue la noche anterior a que falleciera. Fue una conversación que todavía me da vueltas en la cabeza, casi sin fin. Te digo más, yo todavía no borré, ni lo voy a hacer, su teléfono celular del directorio de mi teléfono. No lo puedo hacer. Es como si esa medida me obligara a tomar conciencia definitiva e irreversible de lo que sucedió, cosa que por supuesto, ya la sé.

—Y como director, ¿pensás que se lo extraña mucho?

—Y, cinematográficamente lo vamos extrañar mucho. No sólo por lo que hizo en cine (Nueve reinas, El aura), sino por lo que le quedó por hacer. Bueno, mirá, la última vez que hable con él, la noche anterior a su muerte, nos habíamos ganados todos los premios de esa semana con El aura. Me había gastado un montón de bromas, me verdugueó porque yo no me sentía bien y no fui, y se lo dije por teléfono cuando él estaba yendo para ahí. “Vos sos un chanta, me dejaste a mí solo con todo esto” me decía. Cuando hablamos, esa noche, me dijo textualmente: “Tengo en la cabeza una comedia que te va a gustar mucho más a vos que a mí. En cuanto llegue a Buenos Aires nos vamos a morfar así te la cuento”. Así que imaginate dónde quedé colgado yo. Yo creo que el estaba pisando un terreno firme, muy sólido, con una caja de herramientas muy particulares. Extrañamos tanto a Bielinsky.

“Detesto ser un actor consagrado”

Hay una pregunta, quizás obligada, ya que Darín es considerando uno de los mejores actores argentinos. La pregunta es: “¿Te molesta el lugar del ‘Gran Actor Argentino’?”: “Es un poco incómodo, ya que te resta una serie de chances. Si hacés algo bien, no llama demasiado la atención, porque hay como cierta cosa que te rodea. Me ha pasado leer: ‘Darín como siempre’. Y en ese ‘como siempre’ hay cierta cosa de acostumbramiento. Detesto ser un consagrado, preferiría ser una promesa permanente. Cuando sos una promesa, o das indicios de que puede andar, tu trabajo es analizado. Ahora, cuando sos un consagrado (palabra que detesto) no, todo parece, que en última instancia, ‘como siempre’. Vos te rompiste el culo y todos lo toman con una naturalidad espantosa”. Y, por ejemplo, hablando de escuelas de actuación, a la hora de hablar de esas actuaciones que agregan kilos, kilos y kilos y son siempre tan celebradas: “Me impresionan mucho las mutaciones: si yo engordo cuarenta kilos ya eso es sinónimo de que estoy bien en el laburo y eso no es una categoría, no es muy serio como categoría de análisis. Pero impresiona, impacta. Y el impacto es una antesala importante para la jerarquía, para el calibre del análisis que vas a hacer. No digo este mal, si te tomaste el trabajo de engordar o adelgazar para un trabajo, te lo valoro, hasta ahí. Después quiero ver qué haces con los treinta kilos de más.”

Fuente: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0558/articulo.php?art=27942&ed=0558

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