FAMILIA PARA ARMAR en diario Perfil
marzo 12, 2011
NORMA ALEANDRO Y OSCAR FERRIGNO
“La profesión más vieja no es la
prostitución…”
Madre e hijo en la vida real, y en la ficción de Familia para armar, hablan sobre el oficio de la actuación, el significado de venir de una generación de actores, el cine argentino y el placer de trabajar juntos.
Por Juan Manuel Domínguez
Retrato. Norma Aleandro confiesa que cuando ganó el Oscar sintió vergüenza de haberle ganado a Kurosawa. Su hijo, Oscar Ferrigno, pelea la batalla por la cuota de cine nacional.
Somos muy pegotes”, dice Norma Aleandro, quizás la actriz que menos necesite una introducción en el texto que sea (periodístico, enciclopédico, de diccionario), mientras se abraza con su hijo, Oscar Ferrigno. Están haciendo la sesión de fotos de esta misma entrevista, la que nació con motivo del estreno de Familia para armar, el film de Edgardo González Amer, donde madre e hijo repiten rol en la ficción. “Cuando nos llaman para trabajar juntos nos encanta.” dice Aleandro, y lo sincero atraviesa el gesto protocolar de la entrevista. “Si tenés un karma familiar, mejor dejarlo en casa”, sentencia. “Aparte de alegría”, dice Ferrigno “un respaldo actoral maravilloso”. Y confirma, en medio del Teatro El Piccolino, propiedad y hogar de Oscar Ferrigno, que la voluntad de hacer Familia para armar entre casi la familia (la actriz Valeria Lorca es la esposa de Ferrigno) no es otra cosa que la posibilidad de poner en cruce dos escuelas de una misma familia, una familia de actores.
—Lo obvio: ¿cómo fue trabajar juntos en el cine?
FERRIGNO: Tenés un hándicap muy alto como actor teniéndola enfrente. Hay un hándicap de conocimiento humano que no tengo que prepararlo, que ya lo tengo. Ella es distinta, es una actriz diferente, que juega en otra liga. ¿Viste cuando dicen Michael Jordan no juega al básquet? Pasa un poco de eso.
ALEANDRO: Basta. Paren o me voy.
—¿Siempre la idea fue que fueran madre e hijo en la película?
A: González Amer primero la llamó a Valeria Lorca, que fue actriz en su primera película. Y después me lo ofreció a mí. Cuando vio a Oscar en una obra, acá, en el teatro, ahí decidió llamarlo.
F: Primero entraron ellas. De hecho hace poco me enteré que le dio el guión a un amigo y ese amigo le dijo: “Este personaje es para que lo haga Oscar Ferrigno”.
A: De hecho, el rodaje de la película fue maravilloso.
F: El equipo de rodaje fue maravilloso, fue un clima de trabajo excepcional. Mimado, me sentí Willem Dafoe. Me podía equivocar con relajo. Y al ser una película chiquitita y nada pretenciosa eso termina siendo un mérito. Sobre todo considerando el nexo que teníamos los que actuábamos.
A: Es raro vernos. Hacer de madre de él pero no ser yo. Tengo cosas, ya que mi personaje no es tan complejamente diferente a mí. Mi hijo; alguien a quien quiero como a una hija, como Valeria: todo se hacía más dulcemente fácil.
—Considerando que son parte de la misma familia, que es una familia donde la actuación se viene dando desde hace mucho, ¿sienten la actuación como un legado?
A: No, como legado no. Yo la elegí. Si bien era la profesión de mis padres, gente del mundo del teatro, nunca un legado. Sí sentí como un legado su forma de ver el mundo del teatro, eso sí. Ciertos comportamientos que me hacen feliz haber sido siempre parte del mundo del teatro, con un desprejuicio grande. Cuando empecé a conocer a los civiles –como le decíamos a la gente que no era del teatro–, me enteré de la cantidad de luchas por los prejuicios. Si eras judío, negro, homosexual, si estabas casado. En el teatro no importaba nada. Agradezco en mi vida haberme criado con la gente del teatro. Y también la idea de la conducta, la mística del trabajo. Nunca hacer las cosas de taquito. Y nunca hacer cosas en desacuerdo profundo con tu ética y moral, uno puede hacer cosas para pagar la luz, el gas y el teléfono pero no a ese extremo.
F: Legado me suena como una presión familiar “para que…”. Yo no mamé otra cosa. Yo veía que era divertido y uno quiere seguir divirtiéndose. Actuar te permite ser niño por mucho más tiempo. Nunca traicionarme en el oficio que quiero, amo demasiado la actuación para hacerla porque sí.
—¿Qué lección te enseñó Norma, a nivel profesional, que más te sirvió?
F: La que más más más me sirvió es ésa: divertirme con este oficio. Si no te divertís, andá a otros oficios donde la pasás mal. Total hay tantos. Después está la técnica y la práctica sobre el oficio en sí. Elegir con el corazón me parece es una buena enseñanza.
—¿Vos, Norma, aprendiste algo de Oscar?
A: Sí, sí. Muchas cosas. Oscar tiene una potencia para hacer las cosas, por suerte. Y puede resultar demasiadas cosas. Tiene la habilidad profunda de saber seleccionar con cuál quedarse, ver cuál es la necesaria. Es una persona casi operística para encarar la vida. Me gustan los actores que son así, cuando dirijo me encantan esos actores. Que pueden hacer la payasada más grande para llegar al lugar exacto. Me gusta él.
—¿Qué es lo que más disfrutaron de la actuación?
A: Si uno te cuenta paso por paso, vas a soltar el micrófono y renunciar. Tenés que inventar una persona, ¿a quién se le ocurre? Creamos una persona que tiene vida propia y un alma. Ese personaje tiene que tener un alma porque si no, no existe. Ese alma hay que encontrarla, no explicarla. La profesión más vieja no es la prostitución, que es vieja, es la actuación. Los chamanes explicaban la ausencia del sol.
F: El círculo se cierra cuando el público recibe eso que hiciste.
A: La actuación te ayuda a entenderte, te hace mejor persona y te ayuda a entender a los demás.
F: No podés encarar este oficio si no te conocés. Cuanto más crecés como persona, más crecés como actor. Sabés dónde están tus miserias, podés ponerlas en un cajón, podés discernir mejor; es una alquimia humana casi mágica muy difícil de explicar. La prueba final, como decía ella, está en el que te ve, que cierra un círculo virtuoso (o defectuoso).
A: Lo que buscamos siempre, por hacer el ridículo de todas las maneras, es volver a ser aquel chico. Cuando sos grande, tratás de que te vean de alguna manera, eso el actor se lo saca a pedazos.
—¿Cómo ven al cine argentino?
A: Yo creo que tenemos una riqueza muy grande, como nunca hemos tenido. Una riqueza en todos los aspectos. Cines diferentes, desde lo temático a los actores elegidos, hay una época que no se puede definir, por suerte. Tenemos una industria pobre pero tenemos un cine rico, en diversidad. En esa diversidad y cantidad siempre sacás algo que vale la pena.
F: Acá la batalla está en la cuota de pantalla para el cine nacional y en la desigualdad que hay cuando bajan los tanques del norte. Se comieron al cine europeo, ¿cómo no nos van a comer a nosotros? Aun así, resistimos. Favio, Aristarain y muchos más, hay que tratar de que la lucha por la exhibición sea más igualitaria. Si bien el INCAA da un apoyo fundamental con políticas que tienen que ver con los costos de promoción.
“Hichtcock no sabia dirigir a actores”
Aleandro, mientras Ferrigno busca a su hijo, pide seguir. Lo raro es que antes hablábamos de El cisne negro, que no le gustó casi nada. Y habla, mucho, con sentido, con pasado, pero más que nada con presente. Del teatro en off: “Tenemos muchos actores, tenemos mucho teatro. Una superpoblación de profesores y alumnos de teatro y esto termina dando gente muy valiosa. Hay cantidad que yo, desgraciadamente, no puedo ver. La actuación no está dividida entre cine y teatro como antes, hay una doble vía.” Ahí, en la butaca, casi secreteando, Aleandro confiesa que la actuación en la televisión “suele no ser tan buena porque está hecha más rápida” pero cuando se la menciona como referente: “No, no, no, no me veo para nada así. Hay muchos actores y actrices buenos de mi generación y no me veo así porque sería desconocer. Me interesa mucho filmar con directores que están intentando hacer su primer largo. No me interesa tener una zona de confort. Hago teatro profesional, pero no es cierto, hay muchas obras en off que son profesionales. Siempre trato de saltar al vacío.” Y a la hora de ponerla en un lugar soñado, a partir de su propia mención del Fanny y Alexander de Bergman, sostiene: “No me hubiera gustado trabajar con Bergman, te agarraba la cara, te paraba. Aparte no me gusta verme, me aburre. Incluso la película que más vi es La historia oficial, que la acompañé tanto, que ya en un momento me la sabía de memoria. De hecho, en los Golden Globe aquel año competíamos con Ran, de Kurosawa. Y yo le dije a Puenzo que me daba vergüenza ganar considerando lo que era la película de Kurosawa.” Y hasta, ahí, desde la butaca, el lugar donde casi siempre se la ve, hasta se anima a criticar a Hitchcock: “Hichtcock no sabía dirigir a actores. Pero en otra época me hubiera gustado ser una actriz en Inglaterra.”
FUENTE: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0554/articulo.php?art=27669&ed=0554

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