Imanol Arias en Perfil, por la película “Mi Primera Boda”

abril 26, 2011

Imanol Arias en Perfil, por la película “Mi Primera Boda”

IMANOL ARIAS

“Hoy soy el mejor actor en la TV

hispana”

Estuvo en Buenos Aires filmando con Natalia Oreiro, junto a su mujer Irene, con quien, asegura, conoció el amor. Contento con su labor en Cuéntame como pasó, se jacta de que ni Gran Hermano le pudo ganar. Habla de la Argentina y de América latina. Y cuenta sobre sus negocios en los mercados del vino y del aceite.

Por Alejandro Lingenti

Imanol Arias dice estar feliz. Y hay que decir que se le nota. El encuentro con PERFIL en el coqueto Hotel-Home de la zona de Palermo es parte de una serie de entrevistas que acumuló en un mismo día, un domingo que tenía libre de compromisos con la gente del film Mi primera boda, película del director argentino Ariel Winograd (Cara de queso) producida por Tres Planos, con Natalia Oreiro y Daniel Hendler. Pero ocupar ese poco tiempo que podría haber disfrutado descansando o paseando por Buenos Aires no lo ha perturbado. Al contrario: está de un humor excelente e incluso se anima a confesar una intimidad: “Creo que me enamoré por primera vez hace dos años y medio. Me gustó haber formado una familia, no lo niego, pero enamorado estoy ahora: sin posesión, concentrado en ser algo y sin sufrir el peso de que te hagan ser algo. Se me dejó de caer el pelo, duermo bien, engordé cuatro kilos, no grito, veo la vida de otro modo”. El motivo de tanto entusiasmo es su relación con Irene Meritxell, una diseñadora sevillana de 33 años que conoció grabando el exitoso programa de TV Un país para comérselo. “Tengo una pareja joven, vitalista, que trabaja y viaja mucho. Parafraseando a Woody Allen, he logrado poner en marcha algo así como un ‘Desmontando a Imanol Arias’. Ahora soy un tío mucho más flexible.” Imanol estuvo en pareja con la actriz Pastora Vega entre 1984 y 2009. Tuvo con ella dos hijos, Jon y Daniel, y varias crisis que la prensa del corazón española se ocupó de amplificar: se dijo que la actriz siempre estuvo celosa del éxito de Arias en el cine y la TV, que él no la motivaba para desarrollar su carrera, pero fue la propia Vega –hoy en pareja con su colega Juan Ribó– quien desmintió esos rumores y aseguró que la separación fue en buenos términos. Y es Arias quien lo corrobora hoy: “Cuando mi señora me dijo: ‘Me gusta otro’, pensé: ‘Qué bien, porque esto no iba’. Yo adoro a mis hijos y me llevo bien con Pastora. Nunca nos casamos, pero vivimos 25 años juntos y aún hoy somos socios. Es una gran persona, pero no es lo que yo necesito”. Feliz entonces con su presente sentimental, Arias también disfruta del enorme suceso de la serie Cuéntame cómo pasó, producción de TVE estrenada en 2001 que, a lo largo de más de 200 capítulos, se ha propuesto retratar la transformación que ha sufrido España desde el franquismo hasta la actualidad a través de las vivencias de una familia de clase media, los Alcántara. “He pasado los últimos diez años dedicado a esta serie casi a tiempo completo. Y no es para menos: se vendió a más de ochenta países y es la más vista de España desde que arrancó. Ni Gran Hermano puede superarnos”, cuenta orgulloso. “Creo que ese éxito también me aburguesó un poco. Estaba acomodado, ganaba bien, estaba muy dedicado a mi familia… Pero empecé a sentir cierta apatía. Luego de conocer a Irene, llegó el llamado de Emilio Aragón para la película Pájaros de papel, que también me tocó una fibra íntima. Se dio todo al mismo tiempo, y me hizo pensar sobre lo que no tengo, sobre mis carencias, sobre qué tipo de actor soy hoy y sobre cuál podría ser. Hoy estoy en eso: revisando, reinventándome”. Con la perspectiva que otorga el paso de los años, Arias concluye que sus mejores trabajos son los protagónicos en las películas La muerte de Mikel (1984), de Imanol Uribe –“todavía está viva, no envejeció como otras que hice”, señala–, y El Lute, de Vicente Aranda –“el mejor director con el que trabajé en toda mi carrera”, afirma–. “De los últimos años, no hay nada que tenga el nivel de lo que hago en la TV. Tanto Javier Bardem como Ricardo Darín, que en mi opinión están entre los mejores actores de habla hispana de la actualidad junto con el venezolano Edgar Ramírez, me han llamado para felicitarme. Y creo que lo merezco. Ellos son hoy los mejores en cine, como en su momento lo fue Federico Luppi, otro actor impresionante. Pero yo soy hoy el mejor en la TV hispana; lo digo sin ruborizarme, es lo que pienso.” La confianza de Arias no se limita al trabajo actoral. También disfruta de los buenos resultados de sus negocios en el mercado del vino y del aceite: “Trabajamos de una manera artesanal y estamos logrando producir el mejor aceite de España, lo que no es poco decir”, remarca. “De todos modos, nunca he sido un buen inversor. En su momento, fundé una empresa para limpiar los conductos de aire acondicionado y se fue al diablo. Sin embargo, la norma en España para limpiarlos lleva el nombre de mi empresa. Es decir, tengo buenas ideas pero no siempre he sabido aprovecharlas. No sé muy bien qué hacer con el dinero, salvo ganarlo y gastarlo. Ni siquiera he podido montar una productora propia. Si no eres un buen empresario, eres sólo un gastador. Igual, desde que me separé y cambié de vida, me he vuelto más austero. Esa decisión trajo muchos cambios aparejados: viví como un single, de hotel en hotel, empecé a tener menos cosas. Y ahora estoy en pareja pero quiero seguir haciendo un tipo de vida menos asentado. Yo creo que el peligro de ser actor es morirte en el intento. Entonces, me replanteé las cosas. Cuando me convocaron para esta comedia que vine a filmar a Buenos Aires, sentí que era volver para empezar de cero. A veces pienso que me pasé años haciendo el mismo personaje de Camila, viviendo de ese éxito. Hasta que un profesor argentino me alertó: ‘¿Vas a hacer siempre lo mismo?’. Tenía razón. Todos los días se empieza de nuevo.”
“Sigo viendo un nivel de pobreza que preocupa”

La relación de Imanol Arias con la Argentina es de larga data. Luego del fenomenal éxito de Camila (1984), el film de la fallecida directora María Luisa Bemberg que protagonizó junto con Susú Pecoraro y que convocó a las salas locales a más de 2 millones de personas, trabajó en otro gran suceso del cine nacional, Tango feroz (1993), hizo temporada teatral con Calígula en La Plaza, un año después, y participó junto con Pastora Vega en Un crisantemo estalla en Cincoesquinas (1997). También estuvo en Territorio comanche (1997), Buenos Aires me mata (1998) y Esperando al Mesías (2000). Puesto a comparar la situación del país en la época en la que lo visitó por primera vez con la actual, sostiene: “Creo que la situación fue tan injusta durante tantos años que hoy la gente está agradecida de que haya un gobierno que al menos haga algunas cosas buenas. Pero no sé… Sigo viendo una miseria muy extendida, un nivel de pobreza preocupante. Y los contenidos producidos aquí, más allá de su calidad, se abaratan día a día, la gente anda muy justa, la ciudad está sucia, los profesionales de distintas disciplinas se quejan… Confieso, además, que leo la prensa argentina y no entiendo bien qué pasa. Hasta hace unos años, me enteraba. Hoy ya no. Me parece que hay varios países de América latina con problemas graves. En Bolivia hay un señor que tiene una gran riqueza en gas y petróleo y al mismo tiempo mantiene a millones de personas en la pobreza. Y que echa a la gente que lo contradice a los tiros. Tengo empleados bolivianos en mi casa y me lo cuentan ellos. Para no hablar de Venezuela… Eran países tremendamente corruptos, claro. Pero me pregunto si estos señores son la solución. He notado que en Argentina se habla mucho del pasado. Yo creo que revisar la historia es importante, pero otra cosa es hacer un manejo político con eso. No es sano tener todo el tiempo muertos sobre la mesa. En España tenemos el caso de los fusilados durante la Guerra Civil que no fueron sepultados. Se han encontrado restos de esos fusilados, y es obvio que las familias afectadas tienen derecho a enterrar a sus muertos. ¿Pero qué clase de pago extra puede exigirse hoy, a setenta años de los hechos? Es difícil cobrar algo cuando no es de inmediato. Hay que tener el valor de hacerlo lo más pronto posible, para no cargar a las nuevas generaciones con deudas que nosotros no hemos sabido pagar. Creo que hay que ser inteligente. El ser humano es algo más que alguien que cobra deudas”.

Fuente: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0566/articulo.php?art=28543&ed=0566

Comentarios + Pingbacks + Trackbacks

Los comentarios se encuentras cerrados.