Luis Puenzo en diario La Nación

abril 26, 2011

Luis Puenzo en diario La Nación

Pasado, presente y futuro de un cineasta

Luis Puenzo: ” Si me hubiera quedado en Hollywood, sería un director marginal”

El autor de La historia oficial produce los films de sus hijos y este año llevará ?a la pantalla grande El niño argentino

Martes 26 de abril de 2011 | Publicado en edición impresa

Claudio D. Minghetti
LA NACION

Es curioso que el director de nada menos que la primera película argentina ganadora del Oscar haya realizado hasta ahora solamente cinco largometrajes. Pero es así. En un motorhome en medio del rodaje de Infancia clandestina , de Benjamín Avila, el propio Luis Puenzo, productor del film y responsable en 1985 de La historia oficial , se encargó de contar a La Nacion cómo se multiplica en la actividad cinematográfica a través de sus hijos, que también se dedican a las imágenes en movimiento.

En este 2011, el director que provenía del cine publicitario y había debutado tímidamente una década antes con el musical infantil Luces de mis zapatos , acumula emprendimientos, entre otros el de la docencia y el de la vuelta a su tier, rodando para la pantalla grande El niño argentino , la exitosa pieza teatral de Mauricio Kartum, estrenada en 2006.

Además de su productora, Historias Cinematográficas, y con su empuje, el autor de Gringo viejo , La peste y La puta y la ballena alienta también a Puenzo Hnos., empresa que conducen sus hijos Esteban, Nicolás y Sebastián, y que produce cine publicitario para aquí y el exterior, con efectos digitales que les provee la también propia factoría 3DN, y la flamante Escuela Argentina de Artes y Oficios Cinematográficos, que comanda.

“Sigo haciendo cine, el de familiares o no. Empecé muy chiquito, cuando tenía dieciséis años, en publicidad, en el equipo de David Ratto. Pero empecé free lance a hacer guiones. Cuando conocí la publicidad todavía era [Guillermo] Brizuela Méndez con paquete de pastillas delante de cámara. Entonces nació el cine publicitario y muchos directores de cortos empezaron a hacerlo”, recuerda.

-¿Y después?

-Hice cámara, montaje, luz, volví a escribir y finalmente dirigí. Para mí, hacer cine de un lado o del otro de la cancha no es muy distinto. Hice largos esporádicamente. Durante mucho tiempo largaba la libido en filmaciones, y para el cine me quedaba lo que realmente tenía muchas ganas de hacer. Nunca hice películas por encargo, porque para eso estaba la publicidad. Siempre hice películas complicadas, con alto riesgo.

-Después de La historia? vinieron películas más riesgosas…

-Sí, incluso en lo artístico.

-¿Y con esas apuestas fuertes sacaste ventaja?

-No, todo lo contrario. En verdad nunca me importó mucho ese costado. Hay un lugar donde es muy fácil instalarte y en un nivel de riesgo relativo? Cuando gané el Oscar, me empezaron a revolotear agentes, porque me estaba convirtiendo en negocio, como un jugador de fútbol. Como le ocurrió a mi agente, que después se dio cuenta de cómo era la cosa y pasó a ser mi amigo, que me buscaba colegios para mis hijos en Los Angeles para irme a vivir allí. Podría haber elegido ser un artesano más. Cuando me traían esos guiones muy americanos, pensaba que allí había gente mejor preparada que yo para eso, además de no querer que mis hijos crecieran allí con sus costumbres. Y ahora con los años creo que tengo motivos para alegrarme de aquella decisión. Lo que sí, intenté contrabandearles un par de películas, como Gringo viejo y La peste. Si me hubiese quedado, habría terminado siendo un director marginal.

-¿Y cómo se dio tu documental acerca del Holocausto?

-Un día recibí una llamada de la secretaria de Steven Spielberg, que me ofrecía dirigir un trabajo acerca de sobrevivientes de la Shoá, que se llama Algunos que vivieron , con entrevistas. Después vino La puta y la ballena , que tuvo marchas y contramarchas. Y en el medio debo tener unas cinco o seis películas que no hice. Creo que La peste es mejor que La historia… , pero la debería haber hecho ahora, no en aquel momento, porque se adelantó veinte años. El cine siempre tiene que ver con lo coyuntural.

-¿Y después de La puta? ?

-Lucía había escrito mucho, hizo cosas para TV; Nicolás, Esteban y Sebastián habían comenzado a hacer publicidad. Hacíamos cosas juntos, pero de vez en cuando, y en un momento les pregunté: ¿por qué no trabajamos juntos? Primero lo hicimos con Historias, después con 3DN, a instancias de Nico, para animación digital y efectos, y con los otros dos armé Puenzo Hnos.; mientras tanto, Lucía debutó con XXY. Por imperio de las circunstancias, me tocó ser productor de todos ellos. Para este año tenemos programadas varias películas, entre otras, la mía. Cada uno de mis hijos venía de las escuelas de cine con su “banda” y así nacieron un montón de hijos postizos. La cuarta pata de todo esto es la escuela. De hecho, yo no fui a ninguna escuela de cine porque apenas terminé el secundario, pero me parecía que era necesario transmitir lo propio a otros. Al respecto tengo una mirada doble. [Adolfo] Aristarain, [Carlos] Sorín, yo mismo, no fuimos a escuela alguna, pero tuvimos la escuela del trabajo, de ser meritorios y pasar por diferentes roles antes de dirigir. Los pibes del nuevo cine, y más los del nuevo-nuevo, no saben que el cine argentino es tan fuerte por su tradición de un siglo sin interrupciones y por eso mismo el más importante del continente.

-¿Cuándo empezaste a pensar en el futuro de esta forma?

-Para mí, fue muy fuerte la transformación de lo analógico a lo digital. Lo viví cuando estaba compaginando La peste , en París: de pegar película con cinta Scotch pasamos a lo digital. Ahora el problema es que los que saben del tema digital, no saben del lenguaje del cine, y los que vienen del cine, no saben lo suficiente del tema digital. Los más grandes le siguen teniendo pánico a lo nuevo.

-Los cambios de paradigma?

-De acá a cinco años, de lo analógico no quedará nada. Hay escuelas en Europa en las que todavía hay que aprender a montar en moviola antes que en digital, y está bueno. De allí lo de “artes y oficios” del nombre que elegí. El problema es que en las escuelas tradicionales no se enseña a trabajar en equipo y eso es un problema, porque no hay tantos puestos de director como alumnos. Es una mentirilla de las escuelas. Cuando trabajás en producción, tomás conciencia de esto, de que muchos directores nuevos no tienen la experiencia de haber trabajado nunca con un director del que poder aprender. Uno se pregunta: ¿cómo hacen cuando ponen la cámara? A través de la enseñanza quiero darle tanta importancia al oficio como al lenguaje.

  • Luces de mis zapatos
    (1975) Un film musical infantil en función del éxito -tanto de discos como en TV- de Pipo Pescador.
  • La historia oficial
    (1985) Se convirtió en un ícono de la vuelta a la democracia. Así lo entendieron en Hollywood.
  • Gringo viejo
    (1989)Un relato de Carlos Fuentes acerca del escritor Ambroce Bierce, con Gregory Peck y Jane Fonda
  • La peste
    (1992) Parecía un imposible: La peste , de Albert Camus, en Buenos Aires, con William Hurt y Robert Duvall.
  • El niño argentino
    (2011) Reunirá a Mike Amigorena, Oski Guzmán y la ganadora de un Tony Josefina Scaglione.
  • La puta y la ballena
    (2004) Aitana Sánchez-Gijón y Miguel Angel Solá, en una historia que atraviesa los tiempos.

LA FACTORÍA FAMILIAR DE CREADOR EXPERIMENTADO

  • “Una de las películas con la que estamos es Wakolda, que dirigirá Lucía y cuyo rodaje será en la Patagonia. También participaremos en una serie de la RAI sobre Evita, con un trabajo de servicio de producción como hicimos con Encontrarás dragones, de Roland Joffé. Mi hijo Pepe está produciendo para el peruano Gianfranco Quattrini Toxic Jungle, una comedia rockera que se concretará los próximos meses, y mi otro hijo, Nico, está con Post, de la que ya filmó un demo en Bolivia, una road movie posapocalíptica suburbana pero a la vez urbana: digamos posholocausto social, porque en la ciudad sigue todo fenómeno, mientras que en las afueras no tanto. Lucía, que acaba de hacer Gente grande para el canal Encuentro, además, escribió con Pablo Fendrik el guión de Hombres de humo, que dirigirá este último en cuanto termine El ardor. Para la TV digital, Lucía hará además Prematuros. Ah, y Sergio Bizzio, el marido de Lucía, tiene en carpeta El triunfo de la oblicua, película basada en un relato suyo que transcurre en el interior de un taxi convertido en coche bomba. En octubre coproduciremos con Brasil Cordillera, un proyecto de Carolina Jabor, con guión de Lucía, y estrenaremos el documental El fin del Potemkin, que dirigió el marplatense Misael Bustos y que coproducimos con Magoya Films. Mi película, El niño argentino, va siempre va al final. Será un rodaje corto, pero para hacerlo tengo que parar con todo el resto de las cosas. Seguro lo terminaré este año para estrenarlo en el próximo”, concluye.

EL FAVORITO DE SUS ACTORES

  • Si hay algo que siempre identificó a Luis Puenzo es el talento para la dirección de actores y el agradecimiento que éstos le devuelven apenas terminados los rodajes. Así quedó de manifiesto con La historia oficial, la película por la que Norma Aleandro recibió el premio a mejor actriz en Cannes (compartido con Cher), el David de Donatello y el Globo de Oro. Lo mismo ocurrió después con el inolvidable Gregory Peck y con Jane Fonda, las figuras centrales de Gringo viejo; con Sandrine Bonnaire, Raúl Julia y Robert Duvall en La peste (a pesar de los conflictos que se dieron durante el rodaje, disparados por un William Hurt para nada sobrio), y más recientemente con Aitana Sánchez-Gijón en La puta y la ballena. En los últimos meses de este año tendrá la oportunidad de demostrarlo nuevamente.

Comentarios + Pingbacks + Trackbacks

Los comentarios se encuentras cerrados.