Susana Rinaldi en Tiempo Argentino

febrero 10, 2011

Susana Rinaldi en Tiempo Argentino

Entrevista a Susana Rinaldi

“Los que no aceptan mi postura quedaron en la inquisición”

Publicado el 9 de Febrero de 2011

Por Mercedes Méndez
La cantante y actriz se luce en El patio de la morocha donde interpreta a “la memoria”. Cuenta que se peleó con tres amigas por cuestiones ideológicas y destaca la curiosidad de las nuevas generaciones.
Va a ser un gran batero”, dice Susana Rinaldi y fija la mirada en una foto de su nieto Román, de cuatro años, pelo castaño y rulos perfectos, que le sonríe a la cámara, mientras detrás de él se asoma, con la misma sonrisa, su mamá Ligia Piro. La “Tana” cuenta que a este nene le gusta armar baterías con ollas y tapas en cualquier lugar y que también tiene una especial, que le mandó a hacer su papá. Un día, Román le quiso mostrar sus habilidades rítmicas a su abuela. Parada frente a él, sola, vio la fuerza con la que tocaba, cómo combinaba el sonido con los pedales y lo aplaudió con devoción, le gritó “bravo” varias veces hasta que no pudo contener las lágrimas. El nene dejó de tocar sin saber si su abuela lo felicitaba o si se había puesto triste. “En ese gesto mutuo empezó para siempre el gran amor que nos tenemos los dos”, dice la mujer de  carácter, la que siempre dijo lo que pensaba, pero que cuando habla de sus nietos no disimula las emociones, ni los miedos y reconoce una sensación de debilidad, de deshacerse frente a tanto amor.

No parece una mujer ruda. Ni la persona que ella misma describe, la de militancia pasional que la llevó a ganarse varios enemigos. Susana Rinaldi abre las puertas de su oficina blanca en la Asociación Argentina de Intérpretes con una cara feliz, llena de vitalidad y con el mismo color que el resto de su entorno. Se dejó el pelo blanco y brilloso y lo único que resalta de el ambiente claro y luminoso que la rodea es una cadenita de oro en la que cuelga un pequeño reloj, que chequea entre reunión y reunión. A los 75 años, Rinaldi interpreta el personaje de “la memoria” en la obra El patio de la morocha, un sainete musical, ícono del teatro popular, que fue escrito por Cátulo Castillo y con música de Aníbal Troilo y que significa la vuelta del circo criollo a los escenarios, un género que desde hace años dejó de estar vigente.

–¿Cómo recibe el público este espectáculo?

–Hay una reacción interesada y al mismo tiempo impensada de una generación joven que nos responde, le llama la atención y eso nos gratifica. Porque si para algo estuvo hecho este espectáculo fue para despertar el interés de las nuevas generaciones en el sainete y recuperar una parte de nuestra identidad.

–¿Cómo es tu personaje?

–Mi personaje es mitología pura: es la memoria, que es una cosa que puede aparecer como se le de la gana, porque aparentemente nadie la ve. Nadie siente su presencia, que es lo mismo que pasa en nuestra sociedad: la memoria no tiene demasiada presencia en la sociedad. Eso también es un símbolo. En la pieza original el personaje es el recuerdo, pero acá se cambió por la memoria y eso tiene mucho valor, porque la memoria es otra cosa, es algo que queda instalado. La memoria tiene demasiado peso, es demasiado fuerte. Ese espíritu trato de mantener, como actriz, en escena.

Y con esta respuesta, la charla con Susana Rinaldi enseguida se instala en la política. Pero para ella es común: su esencia política y militante la tiene –a pesar del paso del tiempo, del exilio y de sus largas estadías en Europa– en la piel. Tanto, que deja huellas en su oficina: una foto del Che Guevara, una leyenda que cuestiona con ironía los preconceptos de la mujer, un cuadro de Charles Chaplin y si uno se obsesiona con los símbolos, hasta las rosas rojas que tiene en su escritorio refieren a su pasión por el socialismo.

–¿Qué diferencias notás entre las nuevas generaciones y la tuya?

–Las nuevas generaciones tienen para mí un elemento precioso que es la curiosidad. Los jóvenes no se quedan solamente con el cuentito que uno puede hacerles. Hay una revisión permanente, un interés, todo el tiempo se preguntan qué se quiso decir. Y al mismo tiempo, cuando tienen interés le complican más la vida a un viejito como uno, que de pronto tiene que resolverse a no dibujar las cosas, sino decirlas tal cual.

–¿En tu juventud no fue así?

–Nosotros si queríamos revisionarlo todo, éramos unos jóvenes raros. Éramos jóvenes que despertábamos desconfianza. Me acuerdo de ese círculo que puso López Rega, que daba vueltas alrededor del Obelisco y decía: “El silencio es salud.” No muchos se dieron cuenta que eso era una carroña. En mi primer unipersonal, que se llamaba Dale nomás, me acuerdo mucho de los acomodadores que comentaban sobre la gente que venía a espiar al teatro. No venían a ver la obra. Sólo querían saber qué estaba diciendo, de qué iba a hablar. No había otro interés. De hecho, mi primera huida del país fue a raíz de ese unipersonal. Y ahora, veo a tantos jóvenes, incluso a mis hijos, que no pueden creer que esas cosas sucedieron, porque esta realidad es tan distinta a aquella que me tocó vivir.

–¿Y cuál es la situación de los artistas ahora?

–En este momento ocurre algo que hace muchísimos años que no ocurre, que es la curiosidad del Estado en relación a la tarea de los artistas y su diversidad. Del mérito que el Estado argentino debe dar como reconocimiento a los artistas. Como ocurrió y ocurre en el gobierno de Cristina (Fernández de Kirchner), nunca sucedió. Para nosotros, esto tiene un valor. Antes nadie nos recibía. No nos escuchaban. Nosotros fuimos siempre el espacio entretenedor. Y este país le debe todo a sus artistas, desde la plástica, la danza, la música, le debe su presencia. Porque en los momentos donde nadie podía hablar de la Argentina se hablaba de los grandes artistas, se hablaba de los grandes elefantes como Presas, Pérez Celis, Berni, Marta Minujín. Gente que figura para siempre en las grandes exposiciones del mundo, pero acá nunca se han sabido esas cosas. Existió una movida cultural muy grande, que lamentablemente el Estado argentino nunca tomó en cuenta. Como lo toma en cuenta este gobierno, nunca sucedió. Tengo la edad y la memoria suficiente como para asegurarlo.

–¿Por eso durante muchos años decidiste radicarte en Europa?

–No voy a negar que en un momento fui mucho más conocida en el exterior que acá. Pero eso ya fue y si hoy le pregunto a la juventud en Francia, no saben quién soy. Esa es la verdad. Por suerte, los ficheros son ficheros para siempre y siempre habrá un restito de memoria para esa mujer que ha conmovido a tanto extranjero, haciendo lo que hacía, que era cantar.

–¿Expresar con tanta firmeza tu postura política te trajo problemas?

–Y sí. Yo cuento la anécdota de tres amigas mías que cuando decidí apoyar a este gobierno se me opusieron. Los que no aceptan mi postura se quedaron en la inquisición. No puedo decir otra cosa. Forman parte de esta gran cantidad de ciudadanos que pretenden anotarse en la inquisición y no estar en la participación de cosas que son  gratas, no sólo para uno y para el bolsillo de uno, sino para la edificación definitiva de grandes proyectos para nosotros. Conmigo se equivocaron. Al menos yo no me equivoqué en hacer lo que hice con ellas. Toda la vida fui así. Tenía 25 años y era así, no era otra cosa. Siempre fui muy apasionada ¡Cómo no sentirte orgullosa, caramba, cuando la presidenta de tu país habla sin papel en el Congreso de las Naciones! Y, además, sin decir tonterías. Hay que llenarse de orgullo y si no lo ven, están incapacitados de todo. Lo único que tienen adentro es una profunda dosis de envidia. Y ni hablar de que sea mujer, pero ya no quiero hablar de eso porque pareciera que uno habla desde el lugar que más le ha dolido, durante toda la vida.  <

fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/los-que-no-aceptan-mi-postura-quedaron-inquisicion

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