Un viaje al pasado (“Infancia Clandestina” en La Nación)

febrero 7, 2011

Un viaje al pasado (“Infancia Clandestina” en La Nación)

El rodaje de Infancia clandestina

Un viaje al pasado

Actúan Natalia Oreiro y Ernesto Alterio

Sábado 05 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa

Claudio D. Minghetti
LA NACION

Benjamín Avila es hijo de madre desaparecida durante la última dictadura y hermano de uno de los muchos chicos apropiados en aquellos tiempos, recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo. Hasta ahora dirigió un largometraje documental, Nietos, a propósito de los hijos de desaparecidos que conocieron finalmente su identidad, a los que dio la palabra.

Para su segundo largometraje, Infancia clandestina (o Chocolate con maní, nuevo título que reemplazaría al original), y cuyo rodaje comenzará el martes en Burzaco, con producción de Luis Puenzo, eligió una ficción con mucho de su propia historia, un guión escrito a cuatro manos con Marcelo Müller.

Avila cuenta la historia de Juan, un niño de 12 años, y su familia.

Es una historia de militancias, de clandestinidad y de amores donde los deseos se pueden convertir en realidad y también pueden desaparecer. Donde se puede ser feliz y también desdichado.

Es 1979, y Juan tiene otro nombre al igual que toda su familia, comprometida en la “lucha armada” de entonces. Juan se llama Ernesto. En el barrio y en la escuela lo conocen así. Pero en su casa es simplemente Juan. Juan y Ernesto conviven, colisionan y se retroalimentan hasta un punto en que Juan no podrá sostenerlo más y querrá comenzar su propia clandestinidad con su gran amor que es María, una compañera de clase.

Natalia Oreiro es Charo, la madre, su compatriota César Troncoso (una destacada figura de la escena uruguaya, el mismo que supo recortarse en El baño del Papa y la aún no estrenada Norberto apenas tarde , de Daniel Hendler), es Daniel, su papá; Ernesto Alterio, el tío Beto, y Cristina Banegas, la mamá de Charo. Ellos conforman esta familia de la década que en los “años de plomo” recurre a la clandestinidad para sobrevivir.

En Burzaco, donde el grupo ensayó hasta ayer y rodará desde el martes, Oreiro fue transparente al sintetizar que se trata de un personaje cuya composición la ha movilizado como ningún otro hasta ahora y le ha permitido repensar muchas cosas de su propia historia fuera de los sets.

Lo dijo en un recreo de una fiesta de cumpleaños setentista en la que participan todos los personajes, que vestidos tal como aparecerán en el film, se muestran alegres a pesar de la tensión y de los miedos que su clandestinidad imponía. “Generalmente hay una mirada externa de la militancia de entonces, desde la acción y no desde lo humano, lo que vivían cotidianamente, como si sólo hubiesen sido una parte de ellos. Se habla de la militancia como que siempre es un camino a la muerte, cuando en realidad es todo lo contrario, un camino hacia la felicidad donde la muerte puede ser parte del camino”, explica el director.

A Oreiro, cuya película Miss Tacuarembó estará en el Festival de Málaga poco antes de su estreno en mayo en España, y posterior en Rusia, Israel y los Estados Unidos, sigue esquivando las ofertas de volver a la pantalla hogareña. En marzo iniciará el rodaje de la comedia Mi primera boda , de Ariel Winograd, al promediar el año estará en Wakolda , de Lucía Puenzo, una ficción acerca del paso del nazi Joseph Mengele por la Patagonia argentina y en los últimos meses el thriller Mala , de Israel Caetano.

“Para mí está siendo una experiencia muy movilizadora. Claramente es una ficción y uno se pone el traje. Trabaja al servicio de la película, pero cuál es la línea que separa eso de lo otro. Es tan finita que sobre todo en los ensayos terminaba muy movilizada. Llegaba a mi casa muy movilizada y quedaba en loop , hablaba todo el tiempo de lo mismo? replanteé muchas cosas, me hizo investigar cosas que de pronto no tienen que ver con la película sino con la realidad, lo que pasó allá en Uruguay, preguntarle a mi tía, referencias. La línea sí, está, porque si no todos los actores tendríamos un problema, pero en esta película el enganche es muy fuerte”, confiesa Oreiro.

“Hay algo que me empieza a pasar ahora, sentir que encajo acá. Es muy raro? yo, que me crié en otro lugar?”, asegura Alterio. “Es como que yo estoy haciendo de mis padres, es como correrse una generación. Entonces mi abuelo es mi papá, y yo ocupo el lugar de mi padre. Es muy interesante. La de mi padre es una generación que te ayuda a comprender mucho. A la vez me tengo que desprender de algo que me da mucha pena, en relación con todo lo que pasó, para poder ubicarme realmente en ese lugar, pensando que había ciertas cosas que todavía pueden ser posibles, ubicarme en un lugar de tener una fe profunda”, dice emocionado.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1347327-un-viaje-al-pasado

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