Susana Rinaldi en Revista Veintitrés

febrero 7, 2011

Susana Rinaldi en Revista Veintitrés

Entrevistas

Veintitres
Susana Rinaldi vuelve al teatro con un sainete

“En este país, la memoria nos falla”

03.02.2011

Por qué luchó para hacer El patio de la Morocha. Habla de su acercamiento con los jóvenes y la reivindicación de la mujer. Cómo conoció a Cristina Kirchner a través de Alfredo Bravo.
Por Luis Mazas

El sainete lírico El Patio de la Morocha utiliza una simple historia de amor y desencuentros, caudillos políticos y guapos, que tienen como fondo la injusticia social –moneda corriente a inicios del siglo XX y que persiste hoy (ver crítica en página 8)–. “Es un clásico de nuestro teatro conjugado por la dramaturgia de Cátulo Castillo y la música de Aníbal Troilo, ¡nada menos!”, se entusiasma Susana Rinaldi con este material que propicia uno de sus periódicos regresos a su fuente, que es el teatro.  La obra es ya un ícono del teatro popular. Estrenada el 23 de abril de 1953 en la sala Enrique Santos Discépolo (hoy Presidente Alvear), tenía a Aída Luz y Agustín Irusta de protagonistas, con Jorge de la Riestra, Pierina Dealessi y Enrique Fava, dirigidos por Román Viñoli Barreto. Medio siglo después la Tana Rinaldi lo trae de vuelta con su arte y autoridad de cantante y actriz.

–Un género delicioso, de fondo reflexivo que habla de nuestras raíces…

–Trae al presente ese tiempo que es pasado, “donde conviven los pungas, los obreros olvidados; donde creció la familia, donde la patria creció, donde comienza esta historia, de la morocha y su amor”.

–Pero que también habla de nuestra identidad.

–Por eso lo valoro y lo traigo con un personaje que es “La Memoria” especialmente agregado, ideal para dirigirlo a este país donde es común que la memoria nos falle.

–¿Cómo se gestó?

–Hace tiempo que vengo bregando entre mis amigos “poderosos” como Lino Patalano -no le va a gustar mucho la mención- para volver a hacer El patio de la Morocha. Cuando finalmente Lino me llama para el protagónico, le dije, “¡estás loco! ¡Yo no tengo edad para hacer La Morocha!”

–¿Y la idea de hacer el sainete en una carpa como en los inicios modernos de nuestro teatro?

–Pegó la idea de poner el sainete desde el circo. Creo que esto es lo que más me gusta. Comenzó con el confluir de mucha gente experimentada y también gente nueva, joven, que acompaña esta movida. La misma orquesta está integrada por músicos jóvenes; porque los jóvenes están ya acostumbrados a manifestarse musicalmente desde otro lugar. No mejor ni peor, otro. Y sumar ese modo diferente a El patio… me parece sensacional.

La mayoría de esos jóvenes son amigos de mis hijos. Me hace bien esa cercanía. El otro día uno me dijo “yo soy amigo de Ligia (su hija, la cantante Ligia Piro), estudiamos juntos con Alezzo”. La intención de Patalano es que luego de su permanencia de arranque en Vicente López, recorra el país. Por eso se han gastado en esa carpa lo que se han gastado, ¡para que le saquemos el jugo! Una dice “carpa” y suena a cualquier cosa; pero te digo que es una carpa que se las trae.

–¿Cuánto tuvo que ver Claudio Gallardou desde la dirección?

–Bueno, él es “el joven” por excelencia. Con el alma libertaria de toda una familia de artistas unida al circo. Claudio tiene un profundo amor por el teatro argentino. Además, marcando se divierte: me busca para eso, para hacerme su cómplice.  Y está esa chica Silvina Bosco, que para mí es la protagonista de la obra: encarna a la mujer sometida, incluso por historias que ni le pertenecían. Me da placer reencontrarme con Laura Bove, con Roberto Carnaghi. Seguramente estoy mucho más nerviosa antes del debut que cualquiera de los jóvenes. Somos como cuarenta y algo de artistas sobre el escenario.

–Alguien me dijo que era un espectáculo con vistas a las elecciones de octubre…

–Me parece una mezquindad porque es un planteo digno, que retoma el teatro. Los que ponen el dinero son, primero Patalano y también la provincia de Buenos Aires. Lo curioso es que cuando (el gobernador Daniel) Scioli le pone la plata a Pimpinela o a los Midachi, nadie dice nada. ¿Por qué? Me parece noble ofrecer este sainete en las mejores condiciones. ¿Por qué no hacerlo en grande? Sobre todo porque esto de la carpa itinerante, bien federal, está pensado para que dure y perdure. Otros que vengan detrás pueden tomar la posta y usar la carpa, que no es exclusiva para este espectáculo; ya sea con Lino o con otros. A mí me parecía mucho mas importante que nosotros lleváramos esta propuesta más allá de una movida de verano y se terminó, abriendo la gira federal en Vicente López. Agradezco profundamente el apoyo que da la provincia de Buenos Aires, por las razones que fuere; que no son razones que a mí me hagan sentir mal. De haberlo sentido, no lo hubiera hecho. Jamás promocioné a nadie, ni a mi mamá. Me gustaría saber si la persona que te dijo eso no tendrá que ver con otros artistas a los que les hubiera gustado que los convocaran.

–Desde su lucha por la libertad femenina y de géneros, ¿cómo ve esta vuelta de la reivindicación de la mujer?

–Yo no diría que sea producto de cambio de los políticos; diría que es un cambio de los pueblos, que eligen de manera inesperada. Me quedaría con la figura de Michelle Bachellet, cuando fue elegida por Ricardo Lagos para continuar su tarea. Y en cuanto a nuestra presidenta, el gran mérito de Cristina Fernández es el de venir de hace tiempo y allá lejos. Puedo hablar así porque me la presentó mi gran amigo Alfredo Bravo, compañero de lucha y de sostén. Y a la diputada que fue, Alfredo, que fue un machista de primera y siempre le retrucaba, la admiraba. Y al mismo tiempo me decía por lo bajo, “se lo digo pero la inteligente es ella”. (Risas). Lo que no acompaña a la presidenta es la mala educación de los argentinos. No es casualidad. El argentino medio fue educado por ciertas corporaciones que inciden desde siempre en nuestra calidad de vida. Esas son las “normas” que no les permiten a muchos aceptar a una mujer en un lugar de mando, ejecutivo. En este caso es una mujer que desde el más alto poder que da la estructura democrática se permite delinear, como lo hace, un rumbo que viene dando frutos hasta hoy –me persigno– con una tendencia que todos esperábamos desde hace mucho tiempo. Cosas que se dijeron muchas veces pero que nunca antes se instalaron. Y cuando se instala un posible modelo de ruta, un rumbo, muchos se incomodan.

–¿Por qué pasa esto?

–Fundamentalmente porque es mujer. Hasta que aparece el Ministerio de Seguridad de un día para otro y, encima, a cargo de una mujer: Nilda Garré, que antes fue una ministra de defensa inobjetable. Entonces digo “esto es demasiado burdo”. Es como que hay un grupo muy importante sin duda –en Capital Federal concretamente– que se molesta rotundamente cuando desde lo nacional uno interpreta determinadas situaciones con una óptica independiente, con la que seguramente no coinciden ni coincidirán. Están al servicio de otra gente, otros monopolios, otros intereses. Y les llama la atención que una esté opinando a favor de cosas sobre las que no se debía opinar bien.

–¿Y sobre el problema del campo, tiene una opinión?

–Quieren ganar cada vez más, mucho más, esto está claro. Te lo dice también la gente del interior. Por eso no la van a buscar para preguntárselo. Es así, había que decantar mucha cosa. Incluso en eso del matrimonio del mismo género, también somos un ejemplo en el mundo. Estados Unidos lo tiene sólo en determinados estados. En Europa pasa lo mismo. A mí me da satisfacción como argentina. El otro día, varios amigos franceses, suecos, italianos, me decían que pensaban venirse a vivir aquí. Esto es un ejemplo de algo que nunca vas a leer en ninguna parte. Hay como una consigna “esto no se puede decir”, que Argentina es un país al que ya le han puesto los ojos tantos. Es bueno que el pasado no termine diciendo otra cosa equivocada como pasa en la vida y en la política. Como La Memoria de El patio de la Morocha, quisiera que no nos olvidemos de todo esto.

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