Intima traición – Tango Ruso en Clarín

octubre 12, 2010

Intima traición – Tango Ruso en Clarín

10/10/10

“Tango ruso”. El regreso de David Amitín, con una lograda adaptación de Dostoievski.

PorLeni Gonzalez

No cantes, hermano, no cantes / que Moscú está cubierto de nieve / y los lobos aúllan de hambre. / No cantes que Olga no vuelve”. La voz sentimental de Agustín Magaldi cantando Nieve ni bien empieza la obra es un anuncio previsor: lo que sigue puede ser un declarado melodrama o su regodeo convertido en parodia satírica.

Tango ruso discurre entre ambos sin quedarse del todo con ninguno. Como una amante, capaz de agitar una cuerda y dejarla en suspenso hasta la próxima. Como esa mujer ya muerta por la que dos hombres volverán a encontrarse por tristeza, por venganza y porque supo darles algo de sentido a la pesadez de sus vidas en San Petersburgo o en Buenos Aires o en cualquier lugar adonde un tango, una novela, un texto dramático cuenten un triángulo amoroso.

Porque Tango ruso , la puesta de David Amitín en el Centro Cultural de la Cooperación -de regreso al país después de ocho años- es su versión de El eterno marido , de Dostoievski. Novela de 1870 es, a su vez, una respuesta a Madame Bovary (1857), donde Flaubert deja el espacio, el ruso aborda el adulterio, pero desde el lugar masculino, el del cornudo -diríamos en otro registro- “nacido para ser un esposo, para permanecer al lado de su esposa, aunque ella lo traiciona” -define el libro- y el del amante, el seductor profesional, ignorante de los gestos cotidianos de esa mujer.

En una escenografía geométrica, cruda, para nada realista, se cruzan Velcháninov (Daniel Toppino, el de Gotas que caen sobre rocas calientes ) con Pável Pávlovich (Ricardo Merkin, el duque de Albany en la última Rey Lear ), el seductor venido a menos y el viudo. Hay también una hija, Sonia (María Zambelli), y una paternidad en disputa. Hay un intento de asesinato y una carta reveladora. El humillado busca venganza y el despechado quiere su parte real en la historia. Cada uno posee algo que al otro le falta y por eso, compiten, se atraen, se rechazan y, a través de esa mujer esposa y amante, se odian y se aman.

Tanto Toppino como Merkin fueron alumnos de Amitín y el primero, además, había trabajado en Bartleby, el escribiente , el cuento de Herman Melville, donde también lo acompañaron, al igual que esta vez, Félix Monti en las luces, María Julia Bertotto en la escenografía y vestuario, y Ricardo Sassone en asistencia de dirección, ganador de tres premios ACE 2000 (Espectáculo off, Director y Actor para José Maria López) y que se presentó en el Tercer Festival Internacional de Buenos Aires, en 2001. Antes, en 1984, Amitín había adaptado otro relato literario, Memorias del subsuelo , su primer montaje de Dostoievski, con la actuación de Ricardo Bartís. Desde que partió a Londres, en el ‘70, el director y regisseur va y viene de Europa a la Argentina, si bien reside hace casi una década en Madrid donde tiene su escuela de teatro.

A pesar de la canción elegida por el director, no hay “nieve” en ese San Petersburgo de principios del siglo XX sino que hace tanto calor como en un verano porteño. Y el seductor interpretado por Toppino parece salido de una comedia local, demasiado exaltado y al borde de la cólera. Su persecutor, el sufrido marido que hace Merkin, en cambio, muestra todo el peso de doce años contenidos, es un personaje gris y sumiso a la manera del francés Charles Bovary. Los encuentros entre ellos rozan lo humorístico, como dos payasos que nos dieran algo de lástima, pero donde flota la intriga de que algo de una vez tendrá que detonar. Pero las que mueren son ellas, la madre primero y después, la hija. Ellos seguirán rodando y repitiendo la historia. Como un tango, que vuelve a empezar.

FUENTE: http://www.clarin.com/espectaculos/teatro/Intima-traicion_0_350964916.html

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