Jean Francois Casanova en Contratapa de Clarin

abril 5, 2010

Jean Francois Casanova en Contratapa de Clarin

CLARIN - llamada de tapa

CLARIN - contratapa

EL AGUDO

Jean Francois Casanovas

Integrante de Caviar Ahora hace «Splendor», en el Maipo. Dice que Pachano necesita publicidad. Y no descarta entrar en la TV.

Tantos años en la Argentina, ¿te das vuelta por la calle si te gritan Juancito?

No.

¿Pancho?

No.

¿Panchito?

Tampoco.

¿Ni siquiera lo harías para diferenciarte de Jean Pierre Noher?

A veces nos confunden: «Hola, Jean Pierre». Y eso pasa porque los nombre se parecen. De todos modos me dicen mucho «Janfruá» o «Jan» o «Casanovas». En esos nombres sí me reconozco.

Si nos cruzamos a esa óptica, ¿vos crees que puedo pedir anteojos con el armazón «Jean Francois Casanovas»?

Uno de los factores por los que me reconocen en la calle es por mi imagen. Los anteojos son como parte de mi cuerpo. Pero no sé, no sé si la gente usa estos anteojos o si los piden de esa manera en las ópticas.

El otro día observé que en tu espectáculo había menos lentes de diseño que en una clase magistral de Lucrecia Martel.

Es probable. Normalmente tengo un público de seguidores, aunque he notado que en Splendor (el espectáculo actual) se añadió gente que no venía a verme con Caviar. Creo que es un público más intelectual, que va a ver los espectáculos de (Oscar) Araiz y de Renata Schusseim. Como que se me agrandó el espectro, lo cual es muy lindo.

Perdón si me pongo pesado. ¿Lo tuyo es onda o es miopía?

Soy miope desde los ocho años. Y tengo astigmatismo. En casa debo tener cuatro o cinco de estos pares, algunos sanos y otros que se fueron rompiendo. Yo uso anteojos para ver de lejos y para ver de cerca.

A ver, ¿me los prestás?

Sí, no hay problema.

Y… en este ojo debés tener bastante más de 0.50.

No tengo idea, nunca entendí cómo eran las graduaciones. Mi vida ha sido siempre con anteojos. Probé usar lentes de contacto y no me sirvió. Bah, me sentía medio en pelotas.

Tostado, agua mineral, solcito de jueves y la mención de alguien que dijo que existía la literatura heterosexual, bisexual y homosexual. Las novelas, por ejemplo, son hetero; la poesía, absolutamente homosexual, y los cuentos, bisexuales. Suponiendo que sea así Janfruá, dibujemos una analogía petimetre -del francés petit maitre, pequeño mozo, señorito-. ¿El film noir qué sería? «Sería heterosexual». ¿La nouvelle vague? «Mmm, bisexual». ¿Y lo que vos hacés cómo se llama? «¿Mi rubro? Es una categoría que no entra en ninguno, o es un poco de todo. Y en este caso me costaría definirlo, sería problemático. Heterosexual no… Bisexual diría yo, porque siempre hablo de la relación entre el hombre y la mujer y habito personajes andróginos, transformistas».

O sea, «Splendor» no la recomendamos a heterosexuales.

Este espectáculo le llega más profundo a las mujeres. Los hombres no se animan a expresar los sentimientos que les puede provocar, por caso, el cuadro final del otoño, cuando la mujer se queda sola. Los hombres no expresan la tristeza. Les cuesta. Sin embargo, en la última función se me acercó un señor, un hetero, y me dijo que no me podía hablar porque estaba muy emocionado. Me saludó y se fue.

En «Splendor» lo tuyo es un cuerpo en muchas personalidades, siempre femeninas. ¿Podría decirse que el escenario es como un tratamiento para disminuir tus niveles de testosterona?

Nunca me puse a pensarlo de esa manera. No lo sé contestar. Lo que yo hago es narrar historias a través del cuerpo de las mujeres, porque las mujeres son seres más sensibles. Para mí siempre es más frondoso el abanico de posibilidades que ofrece una mujer.

¿Y eso cómo lo sabés?

Por el vestuario, por los estilos, por las poses, por los manierismos. Todo eso tiene más jugo para poder navegar y contar un cuento.

Para los que no te tienen, ¿vos serías un transformista a lo Gasalla?

¡Ojalá supiera hacerlo! Me encantaría. El tiene la facilidad del verbo.

Lo tuyo es pura gestualidad.

Seguro que sí. Yo lo admiro mucho a Gasalla. Es tremendamente gracioso y prolífico. Yo picoteo los distintos rubros de la mujer mientras él retrata casos patológicos.

Antes había una especie de confusión habitual entre Caviar, Botton Tap, Casanovas y Aníbal Pachano. ¿Ahora que él es famoso eso ya no sucede?

No, no se da más. Pero lo de famoso habría que ponerlo entre comillas.

Bueno, pero existir es ser televisto.

Ser televisto para hacer ese tipo de actividad no sé si vale la pena. Por lo menos no cuadra dentro de mis anhelos. Pachano necesita publicidad…

¿Y si yo te dijera que tengo un contacto en «ShowMatch»?

Voy.

Estás podrido del under.

¿A qué le llamás under?

¿Acá, en la Argentina no vendrías a ser un «personaje de culto»?

De culto, seguro. Pero de un culto bastante masivo: viajé por todos los Estados Unidos, conozco casi todos los teatros de la calle Corrientes, trabajé en Ave Porco… Navego entre el café concert y los teatros grandes. Under, under no soy.

¿Sabías que con las cenizas de Copi se armaron un porrito y se lo fumaron?

Tengo un amigo que vivió 15 años con Copi. No sabía, no, pero yo lo conocí en París. Era muy simpático Copi. Y mucho más no te puedo decir, porque vivíamos todo el tiempo en pedo.

Bueno, ¿qué hacemos? ¿Te presento a la gente de «Showmatch»?

¿Ser jurado ahí es totalmente honesto? Hay que saber cuáles son las reglas del juego. Pero sí, sí, claro.«

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