Nota a Juan José Campanella en Perfil

agosto 23, 2010

Nota a Juan José Campanella en Perfil
Espectáculos

Juan Jose Campanella

“No me gusta que mi hijo vea colas en la tele”

Tras ganar el Oscar, asumió como presidente de la Academia de Cine argentina. Asegura que no ve televisión local y adelanta sus próximos proyectos.

Por Diego Grillo Trubba

Cuando el 7 de marzo pasado, nada menos que Quentin Tarantino y Pedro Almodóvar le entregaron el Oscar por su film El secreto de sus ojos, Juan José Campanella llegó al punto más alto –equivalente sólo, quizás, a la palma de oro de Cannes– al que puede llegar un director cinematográfico argentino, hasta entonces sólo alcanzado por otro compatriota –Luis Puenzo–. Y quiso el destino que Campanella y Puenzo –junto a Lita Stantic, Luis Brandoni y otros– conformaran la lista que desde hace diez días se hizo cargo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. Sin dudas, es uno de los años más importantes de su vida, como cada vez que se materializa una fantasía.

—¿Qué pasa luego de que cumplís el sueño de tu vida?

—En lo interno, haber ganado el Oscar me dio una sensación de tranquilidad conmigo mismo. Ya no tengo nada que probarme. Hace poco, estuve en Sarajevo y charlé con Dani Stanovic, el director que nos había ganado cuando fuimos nominados por El hijo de la novia, y me decía algo que es verdad: cuando ganás el premio te das cuenta de que seguís siendo vos. Los miedos ante un nuevo proyecto y la obligación de remar son los mismos.

—¿Vas a dirigir una película en Estados Unidos?

—Es un proyecto que me habían presentado en diciembre del año pasado. Es una productora que me conoce desde El hijo… Me habían presentado otros y los rechacé, pero este que es para chicos me gustó. Si tomamos en cuenta que acá además estoy haciendo una película de animación, Metegol, descubrí que cuando tuve un hijo sólo sentí ganas de hacer películas para mi nene (risas). El proyecto yanqui tiene los tiempos norteamericanos: el guionista recién está empezando a trabajar… Si todo marcha viento en popa, se estrenará en 2012 o 2013.

—¿Antes se estrenaría “Metegol”?

—No te firmo nada, pero estaría bueno. Mi deseo es estrenarla en julio de 2012, que acá estamos en vacaciones de invierno y allá, de verano. Recién ahora estamos empezando el casting de voces.

—¿Ya terminaste el guión con Eduardo Sacheri y Axel Kuschevatzky?

—Sí, pero… ¿Podés creer que en Toy Story 3 había una escena idéntica a la que habíamos pensado para Metegol? Es una con una fundición, adonde van a parar los muñecos. Por suerte, la pudimos ver antes de empezar todos los procesos de voces y, sobre todo, los de animación. Pero también nos satisfizo, porque nos dimos cuenta de que ya estábamos pensando al mismo nivel de los tipos de Pixar.

—Además tenés el proyecto de la película biográfica sobre Manuel Belgrano con Canal 7, ¿no?

—Sí. Lo producen más que nada el Siete, Encuentro y la provincia de Tucumán. En mi productora somos responsables de una muy pequeña parte de ese presupuesto. Mi trabajo es ad honórem, de supervisor artístico. Lo dirige Sebastián Pivotto y lo escribieron Marcelo Camaño y Juan Pablo Domenech. Puse mis opiniones, pero ellos tienen que recibir el crédito que se merecen.

—¿Cómo es trabajar con fondos estatales?

—Todo lo que hice con el canal Encuentro significó una relación fabulosa. Por charlas que he tenido con opositores, por suerte, todos están de acuerdo en que no quieren tocarlo. La verdad es que Tristán Bauer antes y Verónica Fiorito ahora lo manejaron muy bien. Es absolutamente apartidario, y los mecanismos de producción son transparentes: hay ciertos proyectos que son por licitaciones dificilísimas en sus requisitos. Y Canal 7… (piensa) es otra cosa.

—Suena feo.

—Es el canal más grande de la Argentina: tiene el triple de empleados que El Trece o Telefe. Los vericuetos y la burocracia de Canal 7 hacen el trabajo más complejo.

—¿Padeciste alguna clase de presión en relación con lo que ibas a contar?

—Para nada. De hecho, creo que todavía ni leyeron el guión. Empezó como una miniserie de cuatro capítulos, pero cuando empezamos a hacer los números, los costos se dispararon abrumadoramente. Entonces, lo pasamos a dos capítulos de dos horas y ahora es un telefilm de una hora y cuarenta y pico de minutos. De ser la épica que narraba todas las batallas, ahora es una película sobre el hombre. Hoy vi el primer corte y es algo totalmente distinto de cualquier cosa de historia que se haya hecho hasta ahora. No sé si vas a salir sabiendo cuándo fue la batalla de Vilcapugio, pero te aseguro que vas a saber mucho de Belgrano.

—¿Ves televisión argentina?

—No. Incluso, estaba tratando de averiguar si en mi cable puedo bloquear los canales de aire. Tengo un nene chico y ve televisión a las ocho de la noche, nueve o diez –no hemos logrado enviarlo a la cama a las ocho y media, como harían los buenos padres– y no quiero que pase por el culo de alguien. No son cosas que me interese que vea mi hijo o, incluso, ver yo.

—¿Volverías a trabajar en los canales privatizados?

—Sí, claro. Si pudiera hacer un programa con los guiones que yo quiero, con un mínimo de producción… Y cuando digo mínimo es mínimo: yo sé que acá no puedo tener la producción de una ficción yanqui; sólo pido que me den cuatro o cinco días para grabar un capítulo. Así sí lo haría.

—¿Ceñirías tu trabajo al minuto a minuto?

—El lobo no puede estar comiéndose a Caperucita todo el programa para sostener el rating, en algún momento tiene que venir la parte aburrida, donde la madre le dice a Caperucita que tiene un viaje por hacer. El minuto a minuto es útil para los programas en vivo. Bah, útil. No sé. Hoy, los programas en vivo son un desmadre, han superado el grotesco italiano.

“Polvora en chimangos”

—¿Qué significa para vos haber asumido el cargo de presidente de la Academia de Cine de la Argentina?

—El honor es participar de la comisión. Yo pensaba que el presidente tenía que ser Luis (Puenzo) o Lita (Stantic), y la verdad que si no hubiera ganado el Oscar, el cargo habría sido para ellos. Acá, la verdad, a la hora de trabajar no hay cargos.

—Adoptaste un rol más contemporizador con otras corrientes estéticas, cuando antes discutías. ¿El cambio es por el rol público de presidente de la Academia o por el Oscar?

—Estoy cansado, no quiero pelearme más. Es otra cosa que me dio el Oscar: es tonto discutir por cine. El otro día pensaba que tanta pasión que uno siente sería más inteligente focalizarla en defender el cine que a uno le gusta y no para atacar al que no te gusta. Nosotros, en esta comisión, nunca vamos a emitir juicios estéticos. Vamos a hablar de políticas cinematográficas, que nos afectan a todos. Hoy yo no tengo problema, pero esperá que haga un fracaso y ya vas a ver cómo me va a afectar. Por suerte, percibo que los que tienen ganas de pelearse son cada vez menos. Llega un momento en que uno tiene que preguntarse qué ganó con pelearse con los demás por cuestiones estéticas. Me calenté, me defendí enojado ante los ataques. ¿Quién ganó? Al otro cine no lo benefició, a mí no me perjudicó ni me benefició. Fueron discusiones inoperantes, gastamos todos pólvora en chimangos.

Comentarios + Pingbacks + Trackbacks

Los comentarios se encuentras cerrados.