Leo Sbaraglia en Perfil, por la película “El Campo”

abril 29, 2012

Leo Sbaraglia en Perfil, por la película “El Campo”

“La televisión privada es un mercado atroz”

El actor estrena El campo, donde actúa con Dolores Fonzi. Cuenta cómo conoció a Robert De Niro y cómo el actor americano le hablaba de Lito Cruz y de Federico Luppi.

Por Juan Manuel Domínguez

El próximo estreno de El campo, de Hernán Belón, un relato íntimo acerca de una pareja –él es, justamente, Leonardo Sbaraglia y ella es la rubia Dolores Fonzi– con una niña de año y medio que en una casa en el medio del campo deja aflorar una crisis de pareja, es para Sbaraglia la posibilidad de confirmar: “Siempre me gustaría hacer este tipo de películas, como Sin retorno o El campo. De hecho, es lo que voy eligiendo, al menos casi siempre que puede hacerlo”. ¿Eso quiere decir, entonces, que Leonardo Sbaraglia, nombre clave de una generación de actores que se dio a conocer con Clave de sol o sus sucedáneos de comedias infantojuveniles, pero con la particularidad de haber sabido vivir su obra como actor tanto en España –donde se radicó varios años– como en Argentina, aún no tiene el privilegio de elegir sus roles? “Trabajar, necesitamos trabajar todos. Lo que uno va encontrando es un equilibrio. Vivir de esta profesión es difícil. Elegir es algo que he podido hacer casi toda mi vida. Pero también hay cosas que no, que he tenido que hacer, o cosas que hay que hacer por una cuestión económica. Cuando iba a hacer Plata quemada, de Marcelo Piñeyro, se atrasó un año, entonces fui y acepté hacer televisión porque necesitaba plata. Por suerte, lo que grabé nunca salió al aire. O cuando me metí en Closer, en teatro, era un trabajo más que un deseo de hacerlo. No es que yo ‘elegí’ ese trabajo, no es que no tenía ninguna duda de que quería participar: pero ahí es donde decís OK, hay buenos actores, hay un director y es trabajo”.
—¿Sentís que faltan propuestas interesantes para actores?
—Hay. Pero, la verdad, tendría que haber cada vez más. Me parece que, en ese sentido, que la televisión pública esté haciendo eso (por ejemplo, con En terapia, la versión de la serie israelí que ya adaptó HBO y en donde estoy trabajando junto a Diego Peretti y Norma Aleandro) es bueno. La televisión privada es un mercado atroz, donde cada vez es más difícil ver algo donde no te sientas lejano.
—Pero la ficción pasó a ser un punto fuerte de, por ejemplo, el prime time de Telefe.
—Se encontró un camino, es cierto. Y sí, hay trabajo. Pero uno desearía que siempre Telefe o El Trece (más allá de los unitarios de Pol-ka, que tienen un muy buen nivel) hicieran cosas más plurales. Así como hace veinte años estaba Doria, necesitamos algo así. Atreverse, donde actúe, y otros programas que se prestaban más a la actuación, a los procesos humanos. Uno desea eso como también desearía que el cine argentino funcionara mejor.
—¿Por qué creés que el cine argentino no funciona en las salas?
—Me parece a mí que es un problema de monopolio de mercado, de distribución. De esta famosa batalla por la cuota de pantalla. De esta cuestión de supermercado donde se pone una película en la cartelera/góndola y si no se vende en una semana no sirve. Todos los “productos”, si así se puede llamar a las películas, tienen que tener su manera de llegar al público. Más allá de la calidad, ése es el problema. A mí Las acacias me gustó mucho, y venía con el apoyo de Cannes. Pero de pronto El hombre de al lado funcionó bien. O El estudiante encontró su lugar en un mercado alternativo.
—Hace rato que no hacés una tira diaria en televisión. ¿Por qué?
—Mirá, tira diaria me ofrecieron hace poco y no me animé. Mucho trabajo, estar ahí mucho tiempo; es un tipo de energía que prefiero invertir en cosas donde sienta que crezca más. No te voy a decir que nunca más, pero la última vez que hice televisión, una tira, fue Clave de sol. No pude volver a hacer una.
—¿Agotador?
—Fueron tres años, yo era muy chico, aprendí mucho pero me agotó. Quizás en otro momento, si hiciese algo piola, no sé, con gente como Maci. Ahora me llamó Gastón Portal para hacer algo con él.
—¿Creés que el conflicto con YPF va a traer una repercusión en los intercambios culturales entre España y Argentina?
—Creo que los españoles están muy impactados por su propia crisis. Y hay una necesidad de chivo expiatorio. Hay necesidad de patear la pelota para afuera, al margen de Argentina o de cualquier otra coyuntura. No hay duda de que lo de YPF es positivo para Argentina. Fue un día muy triste cuando Méndez (sic) vendió YPF a $ 2,50. En ese sentido no hay mucho más para decir. La gente en España que es inteligente y tiene sentido común sabe que esta situación es bastante lógica. Lo ilógico es por qué no sucedió antes.
—¿Y filmar con Robert De Niro en España en “Luces rojas” cómo fue?
—Siempre me encargo de aclarar que con él no trabajé. Directamente fui al set a verlo trabajar ya que no me podía perder ser parte de esa primera fila. Yo estaba tan nervioso que no me hice ni una foto. Charlé en la motorhome con él, y no fueron ni diez minutos. Pero no me animé ni a pedirle la foto. Primero, porque los gringos son paranoicos con esa foto. Pero uno ha hecho tantas fotos, que bueno…
—¿De qué hablaron?
—Me preguntó por Argentina y habló con mucho afecto de Lito Cruz. Se hicieron al parecer muy amigos cuando él vino para acá. Se hizo muy amiguete de Cruz, de Luppi, de Moreno. De hecho, Moreno hijo tiene muchas anécdotas. Estuvo tres horas tratando de acordarse de alguien más, y yo estaba desesperado por que me hablara de otra cosa. Ese día yo lo había visto trabajar toda la jornada en un monólogo de tres páginas. No lo podés creer. Estás ahí y pensás: ‘Estoy viendo a Taxi Driver’. Es un poco lo que me pasaba con él enfrente. De pronto, según lo que pensaba y cómo se reía, yo iba viendo todos los personajes. Lo que viste mil quinientas veces.
—¿Le pediste al director Rodrigo Cortés que te hiciera una escena con él?
—No, no. Ya me había escrito dos escenas. Había trabajado con él en Concursante. El ya había hecho Enterrado. Eran lindas escenas las que me tocaron, importantes; me preparé muchísimo para esas dos escenas.
—¿Te interesa llegar a Hollywood?
—Es dificilísimo. Tenés que irte allá. Tengo un agente, me manda castings, pero tenés que estar para cada casting dos semanas. Los actores de allá no conocidos, o los conocidos, hacen tres castings por día. Uno, que es argentino, con acento argentino, hacés un casting cada tres meses y las probabilidades son remotísimas. Hacer ese camino es muy difícil. Y tener cara de latino –yo encima tengo cara de italiano–, ya que representás más el ícono que quieren comprar. Obvio, voy a intentar capitalizar esto.

Fuente: http://www.perfil.com/ediciones/2012/4/edicion_671/contenidos/noticia_0001.html

Luego de De Niro, el sueño es Daniel Day Lewis

Después de compartir cartel, aunque no escenas, con De Niro, ¿qué otra figurita le interesa a Sbaraglia? “Daniel Day Lewis, sin duda”. Y al hablar de ese detrás de escena espiando a De Niro, surge una pregunta que a alguien con la experiencia de Sbaraglia se le puede hacer: ¿quiere dirigir alguna película en algún momento? “Es un paso importante que tengo que dar. Me gustaría dirigir en algún momento. Pero hay que animarse. Si yo dirigiese, me gustaría hacerlo tranquilo. Lo haría como sacando algo. Me gusta mucho trabajar con los actores. Y supongo que algunas, algunas, cosas para decir tengo. Todavía no sé bien cuáles. En mi caso, saco mucho a través de la actuación. Los personajes son siempre metáforas de uno mismo”. ¿Siempre? “Uno puede utilizar a los personajes para contarse. Los personajes nunca son iguales a uno, y pueden no tener nada que ver con uno, pero por más tontos o superficiales que sean, siempre le dan forma a algo que uno tiene adentro”. Se vuelve a la lista soñada: ¿qué directores sueña que lo llamen? “Campanella, obvio. Con Trapero, con Almodóvar, con Martel, volvería a trabajar con Caetano, con Szifrón; con todos ésos quiero trabajar”. En El campo, que se estrena el 3 de mayo, el personaje de Fonzi habla de no saber cómo seguir. ¿Le pasó alguna vez a Sbaraglia de enfrentarse a esa deriva pero en lo profesional? “Sí. Hay momentos donde uno no sabe cómo seguir. En ese sentido, la película cuenta pensamientos universales que no por ello terminan primando en tu vida. Hubo un momento donde te preguntaste cómo seguir, eso le pasa a cualquier. ¿Para qué público trabajás? ¿Qué tipo de películas? ¿Qué tipo de actor sos? ¿A quién te estás dirigiendo? Preguntas que cuando vas llegando a los 40 te vas haciendo. Yo tenía 39 cuando hice El campo y estaba mucho más intranquilo. Pero ahora que ya pasó, que ya pasé, estoy un poco más tranquilo. Bastante más tranquilo”.

Fuente: http://www.perfil.com/ediciones/2012/4/edicion_671/contenidos/noticia_0002.html

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