Reportaje a Eleonora Cassano – Diario Perfil

septiembre 15, 2011

Reportaje a Eleonora Cassano – Diario Perfil

“Con Julio Bocca fuimos una pareja irrepetible”

En pleno ensayo del Ultimo tour, la gira con la que se despedirá –por ahora– de los escenarios, asegura que nunca los dejará por completo, pues son su lugar en el mundo. Recuerda su extensa carrera y se muestra orgullosa de haber llevado, junto a Bocca, el ballet a los estadios.

Por Magdalena Ruiz Guiñazú

Durante un maravilloso tiempo de su vida, Eleonora Cassano deslumbró, junto a Julio Bocca, en los escenarios del mundo. Por eso, en esta mañana primaveral de Buenos Aires, es emocionante verla ensayar en un venerable estudio que perteneciera a otra reina de la danza como Liliana Belfiore y que una casa absolutamente vetusta que mira al Congreso se llene de sol y movimiento, mientras Eleonora marca (también ahora) su tiempo, que es el de la despedida.

Incluso, con mucho humor, parafrasea a los famosos divos de la escena francesa cuando rendían tributo a un par sobresaliente. Chapeau, decían, barriendo el suelo con su saludo, inclinándose frente a un espectáculo inolvidable.

Pero Eleonora se permite algo más: al saludo añade Ultimo tour. La gira con la que eligió despedirse de los escenarios.

Y mientras la observamos increíblemente joven y obediente a los compases que ella misma ha elegido, no podemos si no preguntar:

—¿Por qué?
Y su respuesta surge con naturalidad:
—Porque ya estamos en un momento… me siento bien, estoy bien –se ríe abiertamente– ¡Parezco joven! Pero tengo 46 años y para una carrera clásica ya es tiempo –y ya seria, añade–. Quería hacerme una despedida de mi carrera clásica. Esto, por supuesto, no significa que yo dentro de algunos años vuelva a estar, de alguna forma, en un escenario. Sin bailar clásico.
—¿Por ejemplo, en un musical?
—Sí, sí. Totalmente. No soy como Julio (Bocca) que no quiere volver a subir a un escenario. Lo mío, no. No es así. Pero, seguí estirando. Como me siento bien y estoy haciendo cosas que tal vez no sean superclásicas, como por ejemplo espectáculos de tango… Ahora voy a montar nuevamente La Duarte, que es una obra que hice en danza-teatro hace seis años. Es la vida de Evita y en aquel momento, la verdad es que me fue muy bien y la gente me sigue diciendo: “Qué linda esa obra, qué linda esa obra…” y a través de ese pedido, entiendo que es momento de volver a montarla con la importancia que tiene. La música es de Sergio Wainicoff y la coreografía de Silvia Vladiminsky. Silvia no sólo es coreógrafa sino también bailarina y se dedica más bien a danza-teatro.
—Sin duda, es una posición inteligente buscar otro ángulo de actuación frente al arte que se ama. Me parece que vos, con esta sabiduría, vas a seguir bailando siempre.
—Yo creo que sí –asiente con mucha luz en sus ojos azules–. Además me gustaría seguir teniendo siempre un vínculo con el escenario. Es mi lugar de expresión. Mi mejor lugar de expresión. Allí me siento superidentificada como persona. Quizás cuando hablo, no sé expresarme tan bien como cuando bailo.
—¡Pero también qué miedo si nos asomamos al enorme escenario de Colón!
—Bueno, te da cierta cosita bailar en un teatro de esa magnitud. Un teatro que impone un gran respeto. Cuando era muy jovencita, la primera vez que hice un dúo en el Colón y luego mi primer solo en un pas-de-deux que comenzaba conmigo sentada en el centro del escenario, ¡imaginate! Yo solita y un pianista con un flautista. Cuando se abrió el telón me dije: “Ay, Dios mío, ¡tierra, tragame!” Pero una vez que empezó la música, me olvidé de todo. Estamos preparados para eso, pero sin embargo existe ese primer momento de gran emoción: en el teatro Colón, en el Bolshoi. He bailado en los teatros más importantes del mundo.
—¿Cómo fue la experiencia del Bolshoi?
—Hermosa. Muy hermosa, sobre todo sabiendo que las grandes figuras del ballet han pasado por ahí. Es bueno, increíble. A mí me invitaron a bailar con Julio. Bailamos juntos. No es que yo formara parte de la compañía o de la escuela. Nos invitaron exclusivamente a bailar en Moscú.
—¿Y qué obras eligieron ustedes?
—Don Quijote. Fue dentro de una maratón de danza que se televisaba durante todo el día y toda la noche. Fue muy bueno. Y también en un teatro magnífico. Luego bailé en la RAI con Raffaele Paganini que es actor y bailarín. ¡Me parecía increíble estar en la RAI! Realmente mi carrera me ha llevado a lugares hermosísimos y a sorpresas y momentos de un disfrute maravilloso. Desde chicos fuimos al teatro. Mi papá, en casa, hablaba muchísimo acerca de cómo se presentaban las obras en los teatros. Y esto era algo habitual. Iba todos los fines de semana, dentro o fuera del abono, y yo también. En parte, entré a ese mundo porque mis padres me llevaron a ver muchos espectáculos. Mi mamá había hecho la Escuela del Colón. Te explico esto porque no es que mi vocación haya surgido de la nada. No fue una casualidad que me convirtiera en una bailarina. Y aunque nadie me obligó, creo que la semilla estaba en la familia.
—Seguramente, la semilla estaba pero no significa necesariamente tener talento. Eso lo pusiste vos. Son tus genes.
—Sí, creo que hay algo que influye y que viene un poco de todos lados. Tiene que haber talento natural, voluntad. También un toque de suerte. Se tienen que conjugar muchas cosas. Y tampoco nunca me quedé en la situación cómoda de decir: “Bueno yo nací con esta cosa de levantar las piernas… algo totalmente natural”. No, basta con eso. Hay que apoyarlo con un montón de trabajo, de fuerza de voluntad, estar horas y horas ensayando y querer mejorar día a día. Mirá, hasta hoy sigo trabajando, haciendo clásico como si fuera el primer día. Quiero seguir mejorando y haciendo las cosas en detalle y cada vez mejor.
—Recién cuando el fotógrafo Enrique Abbate hacía tomas, mientras ensayabas, más que recibir una clase eras vos la que estaba indicando cómo querías que se hicieran las cosas, ¿no?
—Sí, porque el ensayo que viste es de Carmen, una obra que tengo muy hecha y Julio Arias, mi partenaire, en cambio, va a bailar por primera vez el rol del torero. Yo tengo una forma de hacerlo y, bueno, la persona que venga a bailar conmigo se adapta verdaderamente a mi visión.
—Claro. Me imagino que para un chico, bailar con vos es tocar el cielo con las manos.
—Sí, me parece que él no se esperó nunca la situación que está viviendo –le brota una risa espontánea y alegre–, porque él también va a ser Perón en La Duarte. Su carrera no es superclásica, pero creo que va a estar muy bien.
—Sin duda. Pero también creo que en las grandes producciones musicales (no clásicas) la disciplina tiene una importancia enorme. Por ejemplo, verla bailar a Chita Rivera era algo impresionante.
—Sí, ella vino a Buenos Aires para El beso de la mujer araña y también la vi hacerla en Broadway. Un ejemplo, realmente fantástica. Pero también Maia Plisetskaya estuvo bailando hasta los setenta largos. Pero es un poco duro ver a una persona, un ídolo, en una situación que no es… Se sigue viendo el destello de la figura, la étoile del personaje pero, como te decía, se presentan situaciones que no son agradables. ¡Espero que esto no me suceda a mí!
—No creo que te ocurra algo así. Tenés un planteo inteligente: todos deberíamos advertir (y eso es lo difícil) que “el paso del tiempo” no es una frase.
—Desde luego que es importantísimo sentirse bien. Todo depende de esto. ¡A los 46 años no me siento ni un poco de 46! Pero igualmente sigo teniendo conciencia, por más que esté bien, de que hay determinados momentos en los que hay que tomar decisiones. Llegó el tiempo de darle un cierre a mi carrera clásica. Vamos a debutar con La Duarte en Mar del Plata, ahora a mediados de septiembre, y luego nos vamos a España. Comenzamos con diez presentaciones en Madrid, como ya lo hicimos el año pasado con otra obra, y de allí salimos en gira. Luego volvemos a Bariloche y al Teatro Argentino de La Plata para terminar el año en diciembre en el Maipo de Buenos Aires.
—Dos salas emblemáticas…
—Sin duda. Justamente, estuve hablando con el director del Argentino de La Plata y creo que vamos a llegar a un acuerdo para hacer una obra completa. Esto significa un poco lo que son mis deseos: hacer una obra completa. Terminar con una gran producción de ballet. Por ahora, no sé el título pero calculo que será La Bayadera. Una obra bellísima.
—Y dentro de la línea clásica, me permito contarte un recuerdo de infancia: cuando Maria Ruanova estrenó en el Colón “Las bodas de Aurora”, en mi casa no se hablaba de otra cosa. Y aunque no me llevaron al teatro, el tema estaba presente en la vida cotidiana.
—Se le daba, efectivamente, una gran importancia al teatro, aun cuando era menor la posibilidad, a diferencia de lo que sucede hoy, de ver grandes espectáculos de todos los géneros. No hay que perder esa tradición porque lo que uno “siente” y puede apreciar en un teatro es algo único.
—Por eso pienso que los bailes, presuntamente artísticos, que ves por televisión son una forma de prostituir una cosa maravillosa como es la danza.
Eleonora se detiene y reflexiona:

—Es un tema. Por un lado, al principio lo veía bien porque mucha gente quiso ir a bailar ritmos que veía. En determinado momento, se mostraba salsa o distintos tipos de baile, pero luego se empezó a vulgarizar. Me pregunto cuál es la formación que les quedará a las generaciones que están creciendo con esas imágenes. ¿Pensarán que el baile pasa por ahí?
—No se puede comparar con lo que significa una rutina clásica.
—No, no. Pero lo que ellos hacen no es clásico. Entonces no se puede comparar. Ni la técnica que necesita un bailarín para hacer clásico tampoco se puede comparar. Es un tema muy amplio. El público que ve estos programas…
—…¡Que hacen 30 puntos de rating!
—… Es un público que quiere ver eso.Si por lo menos se basaran en mostrar el baile y no las peleas de unos con otros… pero a la gente le divierten las peleas, los despioles. No es mojigatería sino una cuestión de buen gusto. Pero bueno, la tele está un poco transformada. Aun programas de investigación importantes no tendrían tanto éxito. La gente quiere entretenerse, se entusiasma con el chusmerío y la nada Lo liviano.
—Sin embargo, el público de ballet clásico es fiel, ¿no es cierto?
—Sí, es fiel. Hay mucha gente a la que le gusta el ballet. Con Julio (Bocca) quisimos romper un poco con el concepto de que el ballet se tiene que hacer en el teatro Colón, en determinadas salas o solamente para teatros. Nosotros rompimos con eso y creo que acertamos. Hemos bailado en la cancha de River, en la de Boca, en el Luna Park. Al principio, los mismos compañeros nos miraban como bichos raros. ¿Cómo se va a hacer un ballet en un estadio? ¡Eso es para un teatro! Y sin embargo, Julio hizo en el Luna El lago de los cisnes con gran éxito y nosotros hemos bailado desde El Quijote hasta un enorme repertorio. No es necesario que el ballet se presente en “el” teatro lírico.
—¿Y para el artista debe ser una experiencia como volar?
—Es distinto bailar en un estadio y creo que pasa un poco por los traslados. Porque el público va a verte en una situación diferente: no tiene la formalidad, la cosa estructurada de un teatro. Y nosotros, en parte, también. Por más que hagas repertorio, es diferente. En el estadio se genera una linda situación. Más relajada.
—Te entrenás todos los días, ¿no es cierto?
—Sí. Y ahora estamos en un ritmo constante y diario de ensayos pero hay fechas en las que ensayo mucho menos que antes. Un día mío empieza a las 6 de la mañana, cuando me levanto y le preparo el desayuno a los chicos. Tengo uno de 14 y otra de 8 años. ¡Mis hijos son la experiencia más linda de mi vida! Si no los tuviera, estaría más o menos como el personaje de Natalie Portman en El cisne negro. Son un cable a tierra y me dan los mejores momentos de la vida. ¡La felicidad pasa por mis hijos!
—¿Ellos tienen vocación por la danza?
—Directamente no. Julieta es chica y si quisiera, con sus ocho años, podría bailar lo que se proponga. La mandé a estudiar durante un tiempito y no le gustó. No fue el estudio sino la forma de enseñanza. “Si querés, yo con vos estudio”, me dijo. Pero creo que es un poco la tensión que le genera nuestra historia: ¡es mi hija y tiene que saberlo todo! Y yo, en casa, no me pongo a enseñarle nada, pero es como si ella sintiera la obligación de tener que saber y saber. Es chica, pero con las condiciones naturales que tiene pienso que, en algún momento, podrá hacerlo. Se va a despertar…
—¿Pero si ella quiere que vos le enseñes? Debe ser maravilloso poder transmitirle a un hijo ese don que vos tenés.
—Sí, pero no sirve mucho. De una madre a una hija… Te diría que no sirve porque como hija no va a responderme como lo haría con un maestro.Mi hijo varón tiene una capacidad física maravillosa, hace muchos deportes. Menos rugby. A pesar de que es muy alto y fornido, le dije: “Disculpame, pero no quiero que te rompas los huesos”. Sin embargo, en mi cabeza tengo que, como su hermana, en algún momento va a hacer algo relacionado con lo actoral. Tiene mucha sensibilidad. Podría estar sobre un escenario. Ahora está tocando el bajo en una pequeña banda de la escuela. En fin… No creo que salga médico.
Hay un gran amor en sus palabras y considerando la enorme carrera de Eleonora, realmente su decisión por la maternidad debe de haber sido un paso muy meditado.
—Seguramente para alguien que ha dedicado toda su vida a la danza, el embarazo habrá sido todo un tema.
—Existe un temor con respecto a la cosa física, a los cambios físicos. En verdad, yo nunca tuve problemas con mi físico. Mi tendencia fue ser delgada, nunca tuve que hacer dieta y esto es un  punto a favor muy grande y en los últimos años en que bailé con Julio, ya sentía una necesidad imperiosa de ser mamá. Ya llevábamos con Sergio, mi marido, diez años de casados y yo…bueno, veía un chico y me derretía. “Por favor, quiero tener un hijo”, era mi ruego interior mientras, en una situación supercómoda, bailaba con Julio por el mundo entero. “Paremos un poco la máquina –me dije–. ¡Quiero tener un hijo!”, pero la realidad me dijo que no. Todavía no. En realidad no fue mucho tiempo porque tardé sólo seis meses en quedar embarazada. Pero en esos seis meses me puse a estudiar teatro y canto y Lino Patalano –¡siempre divino! y al cual siempre también se le ocurren cosas– me dijo: “Che, Eleonora, en lugar de quedarte en tu casa tranquila, vamos a hacer algo. En vez de tejer escarpines, busquemos una obra nueva, diferente”. Y esto terminó siendo La Cassano en el Maipo, que resultó un espectáculo musical lindísimo. Pero fue toda una revolución: “¡Del Colón al Maipo!”, decían, pero eso me permitió hacer en el escenario cosas que nunca había intentado: cantar, hablar, actuar y, aparte, zapateo americano o tango. Todo eso me encantó y en cuanto al canto, sé que en algún momento voy a volver a estudiar. Empecé entonces La Cassano en el Maipo y ¡quedé embarazada! Cuánta alegría… Supongo también que la relajación tuvo mucha influencia.
—Y ya que salimos un momento de lo clásico, ¿qué pensás de bailarines como Gene Kelly?
—En Kelly pasa por una cuestión de energía. Es ver a una verdadera estrella. Porque hay muchas personas que quizás, técnicamente, bailen mejor que Gene Kelly pero él tenía un encanto y una expresión fantásticas.
—¿Y a Nureyev lo viste?
—Sí. Pero claro, allí hubo un antes y un después. Creo que Nijinsky y Nureyev marcaron un cambio muy notorio en la danza, aunque puede haber bailarines que te gusten más: a mí Barishnikov siempre me fascinó.
—Justamente, a propósito de lo que hablábamos, yo lo vi en Nueva York bailar un musical como “Chorus Line”. ¡Inolvidable!
—¡Es que él tenía esa cosa increíble con la música! Esa actitud relajada se le notaba en el cuerpo y Julio (Bocca) también lo tiene. Me han quedado las ganas de hacer algun espectáculo con Barishnikov ¡pero no me puedo quejar de todo lo que hice! Con Bocca y otra gente. Tengo una carrera increíble cuando pienso cómo se me fue dando todo. No me quedé en la situación cómoda de haber bailado en los escenarios más importantes del mundo e intenté hacer mi propia historia. Con Julio Bocca fuimos una pareja irrepetible, marcamos un cambio muy importante en la danza. Y yo me doy cuenta y agradezco todo eso.

FUENTE: http://www.perfil.com/ediciones/2011/9/edicion_608/contenidos/noticia_0002.html

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nora

22 septiembre 2011 at 11:33 | Link permanente

Que maravillosa bailarina, verla bailarin es ver un pajaro en movimiento, lamentablemente el tiempo pasa y tiene que dejar, pero a lo que nos gusta el ballet es una perdida sobre los grandes escenario, mas como representante de todos los argentinos, bailarines como ella que nos han representado en todo el mundo. Un abrazo y toda la suerte para todo lo que emprenda de aqui en mas…