“En la vida y en el cine” – Familia para Armar en Clarín

marzo 17, 2011

“En la vida y en el cine” – Familia para Armar en Clarín

CINE

En la vida y en el cine

Entrevista. Protagonizan “Familia para armar”. En la película de Edgardo Rodríguez Amer, que se estrena mañana, son también madre e hijo. Con “Clarín” hablaron del filme y de cómo fue trabajar juntos.

  • 16.03.2011 | Por Damián Damore Especial Para Clarín

Oscar Ferrigno (h) espera a Norma Aleandro, su madre, para entrevistarse con Clarín en un teatro de Palermo. Entre bambalinas, Valeria Lorca, la esposa de Ferrigno, anuncia que Norma está en la puerta. Los tres fueron reunidos por Edgardo González Amer para protagonizar Familia para armar . El encuentro parece un descanso de los conflictos por los que pasan los personajes de la película, según palabras del director “una historia de desencuentros entre padres e hijos”. El filme es una adaptación de una serie de cuentos salidos de la pluma de González Amer. En la ficción, Aleandro y Ferrigno calcan su filiación.

No estabas haciendo cine, ¿tu regreso tiene que ver con que actúa tu mamá y tu mujer? Ferrigno: Hay varias cosas. Me gustó el guión y la propuesta de Edgardo. Y no es un protagónico más: compartir elenco con mi mujer y mi vieja fue un hándicap. Es un papel lindísimo el de Ernesto. La duda era cómo hacer que ese cabrón sea encantador. En toda la película uno piensa, “es un pelotudo”, pero te terminás poniendo del lado de él. Hay que ver que le pasa al público, yo salí muy conforme con mi trabajo. Me parece que es una película chiquita, nada pretenciosa.

¿Qué es lo más pesa en su decisión de participar en una película? Aleandro: Lo primero que veo es qué pasa con la primera lectura. Nunca hablo con el director sin antes leer el guión. Lo leo y veo qué me imagino. Para que me interese debe tener la cadencia de los buenos cuentos. No me gusta que sea obvio. Quiero papeles que no contradigan principios que tengo en la vida, no quiero hacer una película cruel porque sí. A la vez deben ser complejos para mí, alejados de mi manera de ser. Cuanto más alejado, mejor.

Tu papá tenía fama de carácter áspero, ¿sacaste algo de él para tu personaje? Ferrigno: Sí, tiene el amargor de mi viejo, de hecho cuando filmaba me pasaron por la cabeza muchas cosas de él. Mi viejo era un cabrón importante. Le decían Amargo Obrero. Usaba ropa Copa y Chego, unas camisas color caqui. Un comunista pintado, con un tesón impresionante para trabajar. Mi papá era tan virtuoso para crear como para destruir. Hubo un tiempo en que no lo vi, nunca creí que fuera por desamor, pero estuvo más pendiente de sí que de sus hijos. La enseñanza de la vida fue no seguir ese mandato. No repetirlo con mis hijos.

¿Vos tomaste clases de teatro con tu mamá? Ferrigno: Un par de años, cuando daba clases en el desaparecido teatro Odeón, “el templo del teatro.” Pero de ella aprendí también fuera de esas clases. Lo primero que rescaté, que también hacía mi viejo, es su selección de dónde actuar. Después puede salir pato o gallareta, pero nunca se queda con algo que no le termina de cerrar. También tuve otros maestros, como Agustín Alezzo, Franklin Caicedo. Otro grande es Martín Adjemián, tomé clases con él en España. Lo extraño, era un ser muy querido ¿Qué es lo bueno y lo malo de trabajar con la familia? Aleandro: Para mí es una cosa muy bella. Yo me eduqué con gente de teatro, autores y directores amigos de mi padre. Le estoy agradecida a la vida haberme criado entre gente de teatro, familiares. Pude tratar al mundo sin prejuicios, “a los civiles”, como le decíamos. A los trece años estaba unido a esos profesionales y hablaba como ellos. Por entonces éramos todos más anónimos, nadie decía nada, nadie hablaba de la vida privada de los otros, a nadie le importaba. Me gusta trabajar con mi familia porque nos ayudamos, porque cuando nos decimos cosas, nos miramos a los ojos y nos reconocemos. Esta película habla de las relaciones humanas y éstas se sostienen en lo que siempre hemos tenido, la familia. Te lleves bien o te lleves mal, salís de un orfanato y te espera una familia. La familia siempre preocupa, supongo que eso es lo malo, pero son los clanes que hemos formado para nuestras vidas.

Ferrigno: Yo encuentro más ventajas que desventajas, pero el asunto es como te lleves en la vida. No vamos a trabajar siempre juntos, así que celebro poder hacerlo.

¿Les gusta el cine argentino hoy? Ferrigno: El hombre de al lado es una buena respuesta. Yo estoy sorprendido y admirado con el crecimiento profesional y desarrollo humano de Ricardo Darín. Desde que lo conozco no paró de crecer como actor y me sigue deslumbrando. Con respecto al cine en general, hay buenos directores, pero muchos se empeñan en la autobiografía. Entiendo que sea una necesidad en la primera película, pero después eso se vuelve hermético. Ahí me deja de interesar. Pero desde hace treinta años el cine argentino crece. Debo reconocer que no comprendo el culto a la época dorada del cine argentino, no me gustaba: salvo honrosas excepciones, era un cine muy acartonado. Prefiero el cine de hoy, que se hace con poco dinero y compite con los grandes tanques en los festivales. Desde mi rol, estoy orgulloso de pertenecer al cine argentino.

Aleandro: Yo estoy de acuerdo con Oscar. Hay películas como La ciénaga que han ido para otro lado. A Lucrecia Martel siempre hay que prestarle atención. Jorge Gaggero tiene una cabeza enorme, también destaco a Hernán Godfrid. Tenemos una variedad de directores llamativa, como en el teatro off, y las formas que tienen de contar son de mucha riqueza. Debemos agradecerles a las escuelas de cine, que sacan gente muy talentosa. Cuando era joven hice cine, poco, pero era totalmente acartonado, era una mala copia de Hollywood. Después, en los 60, empezaron a aparecer directores más cercanos a la Nouvelle Vague, eso ya es otra historia.

¿Alguna vez llamó a un director para pedirle estar en su película? Aleandro: Jamás me atrevería, no es mi estilo. Es como si me gustara un hombre y tuviera que gritarle que me gusta: eso no es de mi época. Las chicas de ahora, si les gustás, se te tiran encima, ¿no? «

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/vida-cine_0_445155492.html

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Los herederos

La tradición actoral suele pasar de padres a hijos y es común encontrarse con generaciones de intérpretes, como es este caso: abuelos, padres, hijos, en una saga que parece no terminar. Como siempre, la presión de “estar a la altura” y/o “llevar el apellido” de alguien pueden convertirse en una carga. Ferrigno parece más dedicado a dirigir que actuar, corriéndose un poco al costado. Salvo aquí, claro…

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Yendo del teatro al cine

  • 16.03.2011

Cuando hablan de cine, o de arte en general, madre e hijo se entusiasman. Tanto Aleandro como Ferrigno podrían hablar horas de estos temas si nadie los interrumpe. Oscar es dueño de una sala. Los dos coinciden en la lista de los nombres importantes como productores teatrales. “Por suerte hay productores y dueños de teatros muy audaces, como Lino Patalano, Daniel Grinbank o Carlitos Rotemberg, que son tipos que se tiran a la pileta.”
Ferrigno no se ubica en esa lista: “Yo no soy empresario, me considero más un gestor cultural. Lo mío es dar una oportunidad a los autores que no tienen salas para mostrar sus obras. Acá me permito seleccionar lo que hago, esto no es para ganar mucho dinero. Salvo que sucedan circunstancias extremas, en donde tenga que volver a trabajar seguido como actor o director, seguiré con la sala. El trabajo como actor ha sumado velocidad y eso me estresa, así no rindo. En cuanto agarró un trabajo, me pongo estricto con eso. Me tomo mis tiempos, que tienen que ver con mi formación, una vieja escuela que fomenta el trabajo con el texto. Yo quiero probar para equivocarme y hablar con el director. Eso no sucede ni en el cine ni en la TV. No crítico a quien lo hace, yo no soy capaz. Más adelante me gustaría dirigir un teatro grande o hacer algo más importante, pero por ahora estoy bien con mi teatrito. Me doy el gusto de elegir lo que me gusta. Por esa razón tampoco hago tanto cine, le pongo toda la energía a esto”, expresa con algarabía.
Aleandro ya tiene su proyecto inmediato: va a trabajar en All In, la nueva película de Daniel Burman. “Es para este año, es una comedia donde hago un personaje que me encanta. La comedia es lo que preferí hacer en este último tiempo, no quiero papeles serios por el momento. Siempre varié entre drama y comedia, pero últimamente no me dan ganas de hacer dramas. Cuando uno se mete en un personaje dramático, tiene que estar sumergido en ese mundo mucho tiempo. Ahora tengo ganas de hacer reír. Si no me enamoro de algo, seguiré haciendo comedia. Me alegra la vida divertir un rato”.

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El espiritu familiar

  • 16.03.2011

La conformación del elenco de Familia para armar fue una tómbola. El director Edgardo González Amer lo relata con detalles: “Conocí a Valeria (Lorca) cuando trabajó en mi primer filme, El infinito sin estrellas. No sabía que era nuera de Norma. Tenía muy buena onda con ella y así conocí a Oscar, su marido. Yo tenía escrita la película. En la cabeza me daba vuelta convocar a Valeria para el personaje de Betina, la tartamuda. Pero cuando se sumó a la charla Oscar, ahí mismo le propuse el papel de Ernesto. Me entusiasmó el espíritu familiar. Lo ideal era cerrar con el personaje de Elisa para Norma, la madre en la ficción. Por entonces estaba complicada con las funciones de Agosto. La familiaridad no termina ahí: en el elenco ya estaba Malena Sánchez (Julia), que es amiga de la familia y para Norma es como una hija más. Todo tuvo una energía notable, sobre todo por las ganas de Norma. El rodaje con ella fue fantástico, siempre aparece media hora antes y se empieza a movilizar todo. Es muy rendidora. Esa ecuación la pensé cuando vi la película. Aparece en todo el filme y no recuerdo haberla visto tanto en el rodaje. Eso es fantástico. Pero no quiero ahorrar elogios para el resto. Son todos adorables”.

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