«Soy un amante de la vida» – Gustavo Santaolalla en La Nación

diciembre 13, 2010

«Soy un amante de la vida» – Gustavo Santaolalla en La Nación

Gustavo Santaolalla

«Soy un amante de la vida»

Música, pasión y política, en una relajada conversación con el músico argentino ganador de dos Oscar

Lunes 13 de diciembre de 2010 | Publicado en edición impresa

Ricardo Carpena
LA NACION

No usa un traje Armani ni se mueve en una limusina. No luce un reloj de oro ni está rodeado por una hiperkinética corte de asistentes. ¿Este es el mismo hombre que ganó dos Oscar de la Academia, el que «conquistó Hollywood», como titila en muchos carteles de luces de neón? Gustavo Santaolalla, así como no aparenta sus 59 años, no da la sensación de ser un multimillonario suelto en la meca del cine ni el chico de Ciudad Jardín que fue monaguillo ni tampoco el hippie rockero que fundó un grupo célebre como Arco Iris y que vivía en comunidad con sus compañeros.

Santaolalla recibe a La Nacion para brindar una de las tantas notas que debe realizar a un ritmo acelerado, con pausas sólo para ir al baño y para revisar su BlackBerry. Estamos en un salón del hotel Alvear, uno de los más lujosos de la ciudad y, vaya paradoja para alguien que apoya con énfasis al kirchnerismo, uno de los lugares asociados al estilo de vida de los menemistas. Está vestido todo de negro, con una camisa de manga corta, pantalones y zapatillas.

En una mesa ratona, se destacan las responsables de que Santaolalla esté de regreso en Buenos Aires: sendas botellas de las cervezas Grosa y ReGrosa, los nuevos productos del premiado músico y de su colega y socio mendocino, Raúl «Tilín» Orozco, que ya elaboran los vinos Celador, Don Juan Nahuel y Don Juan Nahuel Reserva. En este caso, no se trata de cervezas comunes, sino premium , presentadas como las primeras de guarda de América del Sur, añejadas en barricas de roble francés y hechas en Potrerillos, Mendoza, con agua de glaciar de la zona, lúpulo patagónico, cebada pampeana y levadura belga. Con una graduación alcohólica de 9 grados (la cerveza suele tener 4) y un precio no apto para todo público: de 40 a 80 pesos.

La producción de cervezas, de vinos y, próximamente, de grapa es sólo una parte de lo que surge de la próspera factoría Santaolalla, de donde surgen proyectos de todo tipo: desde la editorial Retina, especializada en libros de fotografía, hasta un sello discográfico, Surco, desde donde se lanzaron los álbums de muchos de los artistas que el ex Arco Iris apadrinó y su propio grupo de tango electrónico, Bajofondo. A esto hay que sumarle la productora de bandas de sonido para películas (de moda desde que ganó los Oscar por Secreto en la montaña y Babel ), y su misma condición de productor musical y también de films, como el documental Café de los maestros .

De 59 años, casado con Alejandra, una fotógrafa con la que tuvo dos hijos, y con una hija de su primer matrimonio, Santaolalla no se detiene. Confiesa que le gustaría actuar, escribir un musical y dirigir una película. Pero, ¿cuál es el motor que moviliza a este inquieto emprendedor? «Soy un amante de la vida -explica-, me gusta mucho pasarla bien y hacer cosas que puedan afectar positivamente a la gente. En el caso de los vinos y de la cerveza, tiene algo que ver con nuestra historia como humanidad y también se engancha con las artes. La idea es que, como con la música, llegue a la mayor cantidad de gente posible. Es una cosa nuestra, argentina. Siempre ha sido importante en todo lo que hago el tema de la identidad y tener presente el lugar de donde vengo.»

-Es cierto que estás radicado en Estados Unidos desde 1978, pero en todos tus proyectos hay una impronta argentina muy fuerte. ¿Te sale naturalmente o te fijaste el objetivo de intentar parecer «nacional y popular»?

-No, lo tengo presente desde Arco Iris, cuando tuve esa visión de que no quería ser una banda que fuera como los Beatles o los Who, pero cantando en español. Quería una banda que reflejara de dónde éramos. Por eso toda esa mezcla con el folklore, que en su momento la intelligentzia del rock criticó. ¿Cómo vas a tocar una chacarera con guitarra eléctrica? El tiempo me dio la razón, con montones de ejemplos que van desde Café Tacuba hasta los Cadillacs, Bersuit, Divididos, León [Gieco], que tienen los elementos que hacen a la energía del rock, pero con una identidad de lugar.

-Asumiste un compromiso político muy fuerte en defensa del kirchnerismo, pero en el rock este tipo de actitudes no siempre fueron bien entendidas. ¿Te preocupa? ¿No sería mejor mantener cierta distancia del poder político?

-Odio los tildes de ser «oficialista» o «kirchnerista». Lo que no he perdido es la memoria y si miro cómo estaba este país en el momento que asumió Néstor y todas las cosas que han pasado. Tener la posibilidad de que se pueda negociar una parte de una deuda con el Club de París sin que intervenga el Fondo Monetario, la Asignación Universal por Hijo, la política de derechos humanos, el casamiento de gente del mismo sexo. Me da mucha bronca el prototipo del argentino que se queja y para el que siempre está todo mal. Porque, además, la gran mayoría de esa gente no tiene nada para proponer. A ese tipo de cosas, claro, que las apoyo, pero no quiere decir que tenga la camiseta puesta. Odio los «istas»: izquierdista, comunista, peronista, kirchnerista?

-¿No sos un militante de la causa kirchnerista, entonces?

-La palabra militancia me preocupa. Aunque en un momento lo fui y es importante conceptualmente, tendríamos que buscar una palabra nueva: «militancia» me hace acordar mucho a «militar», de milico. Hay que buscar otras palabras que tengan que ver con el compromiso de lo que uno piensa.

-¿Cómo es el momento político de Estados Unidos?

-Horrible…

-¿Obama ya no es la esperanza que imaginabas?

-La esperanza se fue diluyendo y es una demostración cabal más de que realmente en un lugar como Estados Unidos el presidente es una figurita más que una figura; los que manejan y los que cortan el bacalao son otros. Siempre he estado del lado de los demócratas y no de los republicanos, pero lo cierto es que al final del día son parecidísimos. Están en la misma, de distintas maneras. La crisis se vive, se sufre, y lo más probable es que el próximo presidente sea un republicano, y ahí sí que vamos a estar en serios problemas…

-El filósofo italiano Gianni Vattimo dijo hace poco a La Nacion : «En Europa miramos a América latina cuando pensamos en el concepto de una política novedosa». ¿En en el rock pasa lo mismo?

-Yo vengo de una generación en la que en el mismo escenario estaba Jimi Hendrix y Donovan, y todo era rock. Y no me refiero al rock and roll de Metallica, sino a esa energía primal y joven, con toda esa connotación de proponer un cambio o, por lo menos, un discurso en contra del orden establecido, del sistema que dice lo que tenés que hacer. Eso fue parte bien adrede de mi laburo como productor: por nuestra realidad sociopolítica y económica, los países de América latina producen música que tiene a veces mucho más voltaje que la música que se hace en Estados Unidos y en Inglaterra. Allá siempre va a haber buenos artistas, pero hay mucho reciclado. En cambio, por la fusión que nosotros podemos aportar, más el contenido que tiene, siento que el futuro del rock no está en Estados Unidos ni en Inglaterra, sino acá o en otros lugares del mundo que estén en desarrollo.

-Da la sensación de que ganar tantos Oscar y Grammy no te cambiaron. ¿Cuál es la fórmula para no perder el Norte?

-Esas son cosas que aprendí de mi viejo y de mi casa. Además, los reconocimientos más grandes los tuve en los últimos diez o quince años. Si me hubiera pasado cuando tenía 30 años, tal vez, me hubiera pegado de otra manera. Nunca hice nada para ganarme un premio, ni nunca hice nada por el dinero. Y soy consciente de que mi trabajo tiene dos cosas: una tiene que ver con el sudor y con estar comprometido, y otra está relacionada con que, como cualquier artista, uno es como una antena que baja todas las influencias del medio y las transmite al público. En el momento en que empezás a creer que sos vos, empiezan los problemas. Soy consciente de que tengo ese don y siempre espero afectar positivamente a la gente, que esto sirva para el bien. Pero no me interesa lo otro, es una torpeza y una pérdida de tiempo. ¿Por qué ganarte un Oscar o dos Oscar te tiene que convertir en un idiota?

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1333048

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