Leonardo Sbaraglia – Martín Slipak: Sobre la responsabilidad (Clarín)

septiembre 30, 2010

Leonardo Sbaraglia – Martín Slipak: Sobre la responsabilidad (Clarín)

Leonardo Sbaraglia – Martín Slipak: Sobre la responsabilidad

30/09/10

Entrevista Hablan los protagonistas de “Sin retorno” Hoy se estrena la opera prima de Miguel Cohan, centrada en las consecuencias de un accidente de tránsito y cómo cambia las vidas de tres familias.

PorSandra Commisso

Acción u omisión. En cualquier caso, los actos tienen tantas consecuencias como los silencios. Es ésa, en parte, la idea que se desprende de Sin retorno , la opera prima del director Miguel Cohan que se estrena hoy. Protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Martín Slipak y Federico Luppi, el filme plantea un hecho simple y trágico: un accidente en la calle donde alguien atropella a un joven que muere. Federico (Sbaraglia), un hombre inocente, es culpado por la muerte y termina en la cárcel, mientras que Matías (Slipak), el verdadero autor del hecho, queda impune.

La película pone el foco en un tema tan importante como el de la responsabilidad, lo que significa asumir la culpa individual y social. Y cómo cada mínimo actor puede afectar la vida de otros…

Slipak : Hay varias cosas que lo mueven a mi personaje, después de que se produce el accidente. El miedo es lo que lo hace irse de un lugar, el miedo es la primera reacción, como si fugándose uno pudiera borrar la acción que cometió. Lo que pasa es que después te sigue la culpa. Creo que es muy interesante cómo plantea la película el tema de la culpa con esto de contar, o no, lo que pasó. Y con mi personaje lo que ocurre es que la familia decide por él. Uno se pregunta qué haría en su lugar, tal vez reaccionaría igual, tratando de proteger al ser querido.

Sbaraglia : Es interesante ver lo que le pasa a Federico, mi personaje, en la cárcel. Algo que le podría haber pasado a Matías también. Y se da cuenta de que eso no es para deseárselo a nadie. Creo que la película reflexiona un poco sobre ese aspecto también: cuál es la justicia si lamentablemente todos sabemos que nadie sale mejor después de haber pasado por la cárcel. Y además, al desplazarse la culpa, se convierte en víctima a otra persona, todo por no asumir el compromiso que le corresponde a cada uno. Creo que hay un planteo sobre cómo se hace justicia con respecto a algunos actos de la vida. No hay una respuesta porque no sabemos si todas las familias reaccionarían igual. Acá el tema está instalado en una familia de clase media, con características muy marcadas que encubre, niega lo que pasó.

Slipak : En principio pasa eso, pero después ese silencio se transforma en una patología que queda dentro del cuerpo. Eso es parte del no hacerse cargo, de borrar lo que es imposible y al final, te queda como marca.

Otro de los temas que plantea la película es el pedido de justicia por parte de la familia de la víctima y también por parte de la sociedad.

Sbaraglia: Claro. El pedido de justicia, tanto de la familia como social, es totalmente válido. Pero a veces esa ansiedad y presión por encontrar un culpable a cualquier precio, hace que se busque un chivo expiatorio para calmar la presión de los medios y la angustia del padre, que interpreta Federico Luppi. Entonces, la justicia determina algo que no es justo. Por eso la película va más allá, con algo más profundo: lo que plantea es cómo hacer que las cosas sean más justas. Habla de tener una sensibilidad moral con respecto a los propios actos que uno realiza, de hacerse cargo.

Además, todo esto sucede con un tema muy vigente, lamentablemente, como los accidentes de tránsito, que le puede suceder a cualquiera.

Slipak: Sí, lo terrible es que sea algo común, por las condiciones que están dadas.

Sbaraglia: De algo aparentemente simple uno puede reflexionar hacia algo más profundo y complejo. Además, Matías va a crecer con eso encima, armando su identidad. Eso también es malo, lo mismo que si hubiese ido preso. Nadie tiene respuestas, pero es importante poder reflexionar. E insisto que no es gratuito que esta familia sea quién es.

Slipak : Claro, la posibilidad de tener los medios de no hacerse cargo plantearía otra cuestión.

Sbaraglia: Y después está toda la presión de la opinion pública y mediática que a veces se hace con buena intención y, otras veces, es para vender más.

Slipak : A mí, lo que me gusta de la película es que siento que todo es lógico, que cada parte implicada responde a su lógica.

Sbaraglia: El problema surge cuando eso se transforma en manipulación. Por eso está bueno que cada uno desde su lugar se haga cargo. Esta es una película dura, áspera y no concede: están todos jodidos pero te llevan con su lógica.

Slipak: Con sus contradicciones, desde muchos puntos de vista, es muy humano. Por eso conmueve.

Sbaraglia: Y te pone frente al espejo y te dan ganas de aprender y de ser un poco más humano.

Slipak: Para mí, hacerse cargo de filmar una película como ésta te pone en un lugar de responsabilidad. Y demanda mucho desde la actuación, te obliga a involucrarte.

Esta es la primera vez que los actores trabajan juntos. A pesar de que comparten sólo una escena, en la que casi ni se miran, dicen que fue bueno compartir el proyecto. “Me gustó mucho ver trabajar a Leo. Comprobar cómo se involucra es placentero, es un gran incentivo para mí”, dice Slipak, que con 22 años es uno de los actores de su generación con más proyección.

Y parece tener mucho en común con Sbaraglia que, a los 40, ya está instalado como un referente en su franja. “Para mí fue una linda experiencia. El personaje de Martín es muy difícil y lo ha hecho fantásticamente bien”, dice Leo que se maneja como el anfitrión del grupo. “Más allá de sentir que llegué a cierta madurez, creo que también influye mucho la relación que uno logra con el director. Hay trabajos maduros y otros no tanto, más allá de lo personal. Cada trabajo tiene su propia lógica. Tiene que ver con las condiciones que se dan, y acá, el director la tenía re-clara, sabía muy bien lo que quería contar”.

En el marco del intenso drama que viven los personajes de Sin retorno , se cuela un detalle curioso. El personaje que interpreta Sbaraglia es un ventrílocuo y el actor estuvo dos meses practicando la técnica con el profesional Fernando Arsenian. En medio de la entrevista, de pronto se cuela una voz, como salida de un megáfono que es la del mismo Sbaraglia bromeando con lo aprendido. “Cuando me quede sin trabajo me voy de gira con Fernando y con Rogelio, el muñeco. La verdad es que me rompí para aprender la técnica, me enganché. Me hubiera gustado que hubiera un poco más de eso, con lo que me costó”, se ríe. “Pero bueno, así es el cine”.

Sbaraglia y Slipak se preparan para llevar la película al Festival de Cine de Valladolid, en octubre. “En en el cine argentino se están haciendo cosas muy interesantes, pero es una lotería. No sabemos lo que puede pasar, esperemos que el público la apoye”, dicen. “Creo que habría que generar algo más de show, de ruido alrededor de cada estreno, como hacen en Hollywood”, opina Sbaraglia. “Hay que ser más estratégico para que la gente se entere más y se entusiasme”.

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Acción, omisión y muchas víctimas

30/09/10

“La idea de la historia nació hace cuatro años y a partir de ahí comenzamos a escribir el guión junto con mi hermana, Ana”, dice el director Miguel Cohan sobre su opera prima, Sin retorno . Cohan trabajó durante muchos años como asistente de dirección de Marcelo Piñeyro, desde Cenizas del Paraíso hasta El método . “Ahí dije: ‘quiero hace mi propia película’ y empecé a trabajar en esta historia”. El guión ganó un concurso en España que finalmente lo llevó a que la película se realizara en coproducción con ese país.

“Con Ana pensamos en un conflicto que surgiera de un hecho que llevara a una familia a abroquelarse alrededor de uno de sus miembros sin importar nada de lo que sucede alrededor. Y el hecho de que se trate de un accidente nos pareció interesante porque es algo que le puede suceder a cualquiera. Y a partir de ahí apareció la pregunta de qué le pasa a los demás: al padre de la víctima, al inocente injustamente acusado. Creo que una de las cosas más interesantes que se desprenden de la película es que el silencio y la omisión pueden afectar tanto a los demás como un hecho concreto, aunque inocentemente se piense que eso no tiene consecuencias”, dice Cohan.

“Además, también aparece el tema de que la justicia equivocada no es justicia. La necesidad de saber que hay un culpable sirve para mitigar un poco el dolor. Pero la justicia es una reinterpretación de los hechos y se le exige que tenga esa certeza”.

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La hora del policial

30/09/10

PorDiego Lerer

El año pasado “El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella, se convirtió en una de las películas argentinas más vistas de la historia. Este año, “Carancho”, de Pablo Trapero, otro duro y aún más violento policial, tuvo también una gran repercusión de público. En otro estilo, “Sin retorno” se suma a un interesante camino posible para un cine argentino, llamémoslo, “industrial”. Policiales de sólida realización, buenas actuaciones, tramas atractivas. Esto no asegura que veamos un éxito tras otro, pero sí abre las puertas a un camino posible.

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Actores de horizontes amplios

30/09/10

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En medio de una gran seguidilla laboral, Leonardo Sbaraglia, cuenta sus planes a futuro. “Lo más inmediato es la gira por el país junto a Pepe Soriano con la obra Contrapunto.

Es precioso, estamos los dos solos recorriendo los pueblos, lo disfrutamos mucho. Seguimos todos los fines de semana hasta noviembre. Ahora paré un poco porque estuve filmando una película con Dolores Fonzi, que se llama El campo , dirigida por Hernán Belón, que se va a estrenar en febrero o marzo. Y rodé otra, que dirige y protagoniza Juan Minujín, que habla del mundo del cine, donde tengo un personaje muy divertido. Y además grabé el piloto de Un año para recordar para tele”.

Por su parte, Martín Slipak tiene entre manos un proyecto de teatro, “del que no puedo contar nada aún, pero que me entusiasma mucho. Después de filmar Sin retorno quedé muy conmovido con el cine. Yo había hecho papeles más chicos y ahora me dieron ganas de seguir filmando”.

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Ni blanco ni negro

30/09/10

Crítica “Sin retorno” Un policial centrado en un accidente con imprevisibles consecuencias.

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Un caso policial puede dispararse hacia cualquier lado, cambiando la vida de todos los implicados en él. Pero no sólo los responsables directos, sino la de todos aquellos que, por circunstancias del destino, aparecen mezclados en él. Y la tesis expuesta en Sin retorno –en el título, sin ir más lejos- es que de esas situaciones no se vuelve. Al menos, no como se entró.

El caso que narra el filme es, en principio, simple. Un hombre para (mal) su bicicleta en una avenida para recoger unos importantes papeles que se le cayeron y que se los dio su padre (Federico Luppi). Justo en ese momento pasa en su auto Federico (Leonardo Sbaraglia), un ventrílocuo que viene de trabajar, y se lleva la bici por delante al esquivar un muy poco claro (cinematográficamente hablando) desvío de tránsito. El golpe arruina la bicicleta, pero no le hace nada al muchacho en cuestión.

Pero apenas un minuto después pasa lo peor: Matías (Martin Slipak) sale con un amigo de una fiesta para buscar más hielo, y ellos sí se llevan por delante con fuerza al hombre, que todavía estaba ahí, shockeado por el accidente anterior. Los adolescentes dudan, pero deciden escapar de la escena del crimen (el hombre sangraba, parecía muerto), esconden el auto y mienten respecto a lo sucedido.

La aparición de la noticia en los medios, la ineficiencia de la policía y la Justicia, y el consecuente escándalo (Luppi termina convertido en una especie de Blumberg) llevan a que Federico, que estaba justo saliendo del país de vacaciones (ay, esas casualidades de guión) pase a ser el sospechoso principal, y que los vecinos “testigos” confundan ambos accidentes, asegurando que él fue el responsable, por más circunstanciales que sean las evidencias.

Durante su primera hora, Sin retorno es un policial menor, no mucho más complejo ni desarrollado que un capítulo de alguna serie estadounidense tipo La ley y el orden , ni tampoco mucho más cinematográfico en su tratamiento. Sólido y bien actuado, pero rutinario y metódico, casi programático.

Pero las cosas mejoran, y bastante, en su última media hora, aunque contar qué es lo que sucede allí sería revelar demasiado. Digamos que las cartas cambian de mano, que la tensión y el peligro son mayores, y que los dilemas morales no se enuncian sino que se ponen en juego en cuestiones de vida o muerte. Y que los personajes, especialmente el Federico de Sbaraglia (su transformación de timorato humorista a potencial vengador es sorprendente), crecen y se vuelven más ricos y complejos.

Lo interesante, además, de Sin retorno , es observar las consecuencias de un caso policial que puede ser sólo un accidente (¿no será, finalmente, el hijo del personaje de Luppi el que causó todo el caos posterior?), pero que termina generando infinidad de versiones.

“Cada uno tiene sus razones”, decía Jean Renoir y a esa máxima le hace honor Cohan: llevados por las circunstancias, todos toman decisiones moralmente cuestionables pero, a la vez, entendibles desde la confusión y/o la debilidad. Y la película no busca culpables en los protagonistas. Llegado el caso, la culpabilidad podría recaer en una sociedad que pretende que las cosas sean siempre claras, de manual, blancas o negras. Y no es así: el gris es el más común de los colores.

Ficha

Sin retorno

policial (Argentina-España, 2010) SAM 13 90’ direccion Miguel Cohan interpretes L. Sbaraglia, M. Slipak, F. Luppi, L. Machín, A. Celentano salas Cinemark Palermo, Abasto, Belgrano

Buena

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