ART en Clarín

enero 4, 2010

ART en Clarín

TEATRO: ART, EL GRAN REGRESO

«El ritual del teatro no se parece a nada»

Entrevista Ricardo Darín El actor dice que el cine no lo hace feliz y que «cuando se abre el telón, no hay chamuyo».

Pasaron doce años desde que Art se estrenó en Buenos Aires. En aquel entonces, la protagonizaban Ricardo Darín, Germán Palacios y Oscar Martínez. Ahora, la obra vuelve a la misma ciudad. La diferencia es que el lugar de Martínez lo ocupa José Luis Mazza. También, que la pieza creció con representaciones en España (a una de las cuales asistió la propia autora, la francesa Yasmina Reza, que dio su visto bueno) y en Mar del Plata. Y que los muchachos ya no son tan jóvenes.

Al estilo norteamericano, la compañía citó a la prensa en un hotel cinco estrellas y, en una misma jornada, atendió a distintos medios. Pero lejos de comportarse como «divos de Hollywood», el trío recibió al periodismo sin prisa.

La entrevista con Darín arranca con un gag que bien podría ser el comienzo de su próxima película. Resulta que al actor lo convencieron de la efectividad de una pulsera de aluminio y se la vendieron, hace unos días atrás. «Hacé la prueba», le dice a la periodista y le coloca la pulsera en cuestión. Se supone que el producto reestablece el equilibrio que los humanos perdemos al estar expuestos a factores externos contaminantes. «Funciona como un casco, que te protege de las radiaciones», explica Darín. Y tanto a la cronista como al fotógrafo los hace estirar sus brazos, doblar una pierna y les demuestra, como si fuera un experto vendedor ambulante, que pueden sostenerse firmes, sin caerse.

Cine, teatro o televisión: a Darín siempre se lo ve trabajando. Muchas veces, las giras o los días de filmación lo llevan a estar bastante tiempo fuera de su casa.

¿Qué cosas te perdés?

Lo mejor. Ahora no es nada porque los chicos están más grandes, tienen 20 y 16 años. Cuando eran chiquititos, lo sufría más. Si puedo armar la cosa para que estemos cerca, mejor. Eso me hace feliz.

Haciendo «Art» en Buenos Aires, vas a poder estar cerca.

Sí. El teatro es la libertad. Porque aun haciendo teatro afuera, pude llevarme a mi familia: durante las vacaciones de los chicos, estuvieron dos meses en España conmigo. El teatro y Art, específicamente, para mí, son la libertad. Es muy difícil que se dé que tengas acceso a una obra todas las veces que quieras. A fuerza de batallar y trabajar, logramos una situación de privilegio con la autora y su oficina de representación. Al principio, tuvimos que remarla. Ahora, enseguida nos dan los derechos: a ellos les conviene, porque saben que funciona. Y para nosotros es una gloria.

Tienen facilidad para acceder a los derechos y cuentan con la certeza de que la puesta funciona. Pero además, hay una elección por esta pieza, porque podrías volver al teatro con cualquier otra.

¿Sabés cuántos libros leí en doce años? Muchos. Me cuesta encontrar una obra que tenga la sencillez y la profundidad que tiene Art. Es sensible y tiene un sentido del humor elevadísimo. Y habla de un tema que está entre los top five de la vigencia eterna: la intolerancia.

Habla de las relaciones humanas.

Y de las dificultades que tenemos para entender que si yo no estoy de acuerdo con vos, no significa que sea tu enemigo. En general, en eso fallamos y nos convertimos en rivales. Creo que tiene que ver con la velocidad del trámite de la vida y con creer que lo urgente está adelante de lo importante. La obra es una lección ejemplar.

«Nuestra versión es totalmente distinta a todas las que se han hecho. Es latina», dice el actor. Y la autora, Yasmina Reza, ocho años después de que el elenco argentino la estrenara, apareció en Madrid y vio la puesta. «Nos dijo que tenía la frescura de un debut. Y que habíamos logrado que se reenamorara de la pieza», expresa. «Esta mujer rechazó una propuesta de Sean Connery para hacer la película, con Al Pacino, Robert De Niro y Kevin Spacey. En ese momento era el auge de la obra, se estaba representando en 15 países y me parece que alguien hábilmente le sugirió que si se hacía la película, mataba la pieza. Creo que estuvo bien», dice Darín. Después, resurgió el proyecto, pero la propuesta le llegó a Darín. «Un día tuve una reunión con su representante literaria. Me preguntó si estaba interesado en hacer la película. Le dije que la obra no había que tocarla. Que sí me atrevía a hacer algo periférico que la contuviera. Una historia cinematográfica con los actores que están a cargo de los roles en la pieza, pero el seguimiento de sus vidas. A Yasmina Reza le encantó la idea. Pero cuando intuí que lo que ella quería era que yo la escribiera, le mandé mis padrinos y la reté a duelo… ¡Lo que yo quería era que la escribiera ella!», exclama.

¿Preferís el teatro al cine?

Sí. A mí el cine no me hace feliz, de verdad. Porque para el actor es un trabajo muy arduo, a contrapelo de la construcción de un personaje. Prefiero estar detrás de cámara.

Pero si hacés cine, algún aspecto de la actuación te debe gustar.

Claro, pero el camino para llegar al terreno de la felicidad es atomizado. El resultado depende de muchas otras personas, nunca tenés el control de lo que estás haciendo. En el teatro no pasa eso: cuando se abre el telón, no hay chamuyo. Y ahí soy feliz. El ritual del teatro no se parece a nada.

En el tren de esbozar frases poderosas y comparativas, arriesga: «El teatro es peligroso. El cine no lo es. En el teatro, un espectador se para en una butaca, grita algo y te pudre la función. Cosas por el estilo ocurren con frecuencia y el actor tiene que salir de esa», agrega.

¿Qué opinás del cuadro, objeto de discusión de tres amigos en Art?

Estoy intoxicado de la opinión de mi personaje, Iván. Me parece que está bien lo que él dice, que el cuadro no le gusta, pero tampoco le disgusta. No quiere entrar en quilombos, no quiere que sus amigos se peleen por eso. El cuadro está bueno por todo lo que genera.

Tu personaje es el mediador, ¿te identificás con eso?

Sí. Fijate que yo a los 12 años encaré a mi viejo y le dije: «Te tenés que separar, no seas boludo». Y de esto hace 40 años. A mi viejo se le llenaron los ojos de lágrimas. Y se separó. Mis padres se querían, pero no se llevaban bien. Es una tendencia mía eso de estar en el medio, también con mis amigos.

Es hijo de actores, marido de Florencia Bas y padre de Ricardito, (que estudia teatro con Alezzo y tendrá un papel en una serie de Pol-ka), y de Clara (que estudia canto y pasó al último año del secundario). «Siempre fui duro conmigo mismo y me acusé de vago. Probablemente lo que a mí me pasó, además de que trabajaba, es que me tocó el secundario del ’70 al ’75, época en la que estar en el colegio era casi una pérdida de tiempo, porque la calle estaba que ardía», dice Darín, que recuerda haber pertenecido a la agrupación Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista. «Siempre me dio vergüenza no haber terminado el colegio. Y me hubiera gustado estudiar psiquiatría», dice. También repasa su paso fugaz por talleres de teatro. Y declara que no se tomará vacaciones. «Mi forma de tomarme vacaciones es que el trabajo sea placentero. Vengo de un año duro, porque la película de Pablo Trapero que filmé (aún no estrenada) cuenta una historia áspera y como tal el trámite fue difícil», confiesa el actor de El secreto de sus ojos (de Campanella) y se dispone a disfrutar de Art.«

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EL GRAN MEDIADOR  COMO SU PERSONAJE EN LA OBRA, DARÍN RECONOCE QUE, EN LA VIDA REAL, SE IDENTIFICA CON ESE ROL. «ES UNA TENDENCIA MÍA ESO DE ESTAR EN EL MEDIO, TAMBIÉN CON MIS AMIGOS», ASEGURA.

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