‘Cruzadas’: Un ataúd entre la cumbia y el poder (Diario Perfil)

noviembre 27, 2010

‘Cruzadas’: Un ataúd entre la cumbia y el poder (Diario Perfil)
espectáculos

‘Cruzadas’

Un ataúd entre la cumbia y el

poder

Con Moria Casán y Nacha Guevara como protagonistas, Diego Rafecas rueda Cruzadas, donde componen a dos medias hermanas. Intimidades de un rodaje donde, aseguran, las diferencias políticas son superadas por el deseo de hacer arte.

Por Diego Grillo Trubba

A la hora de comer, el menú incluye milanesas. Para todos. El redactor le pregunta al director Diego Rafecas –que lleva adelante Cruzadas– si no hay menúes especiales para las divas de la película: Moria Casán y Nacha Guevara. “Al que no le guste, se tiene que haber traído lo que desee.” Está el menú de la señora Guevara, claro, que es vegetariana, y parece que se lo ha traído más de una vez. Debe ser difícil tratar con divas tan particulares, insiste el redactor, pero Rafecas desdramatiza: “Acá todos somos artistas y recibimos el mismo trato”.

La película que ha reunido a un tándem tan particular –al que se suma nada menos que Enrique Pinti– narra la historia de un millonario que muere (Pinti) y le deja la mitad de su fortuna a su hija Juana (Casán), que se transforma en una poderosa dueña de un multimedios, y el conflicto surge en que le deja la otra mitad a la hija natural, nunca reconocida, fruto de la relación con su mucama, Camila (Guevara), reina de la cumbia y la bailanta. Lo primero que uno piensa es que el casting se hizo exactamente al revés, dada la experiencia de Moria con Rita Turdero, otrora pantera de Mataderos. “Es que justamente”, explica Casán, “quisimos ir en contra de los prejuicios, hacer una comedia y desestructurarnos de entrada.”

La ex vedette afronta, en el filme, una tarea inusual al menos en apariencia: la producción ejecutiva. “Lo que pasa es que me entusiasmé con el guión, y quería que tuviera figuras de peso para el público”, explica Moria, quien tuvo la idea de Pinti para el personaje de su padre y lo convocó en persona. “Cuando quiero que las cosas salgan bien, me produzco; ya en los programas de televisión, la mayoría de las veces me autoproducía.”

El guión le llegó a la diva porque, a esa altura, Rafecas ya era amigo de su hija Sofía Gala, con quien había filmado en dos oportunidades. “Le prometí a Moria que ella iba a ser mi Angélica Houston”, confiesa el director, “aunque ya era nuestra Madonna del music hall.” Moria, claro, se ríe de las definiciones del director, y en referencia a Madonna recuerda que ella fue una de las primeras en la Argentina que transformó su vida en un reality show: “Yo llevé a mis dos maridos a la pantalla y hablé desde la verdad, yo me animé, yo le escapo a la mentira”, dice. Cuando le preguntamos si en esa vida-reality-show no hay espacio en el que guardarse cosas para sí misma, Casán no duda: “Por supuesto, hay cosas que no le digo a la prensa… son cosas que no se las cuento ni a mis amigos, ni siquiera a mi hija, son cuestiones que hacen a mi esencia”. Por un instante, su voz se ensombrece, aunque luego recupera su levedad habitual: “Igual”, dice, “mi esencia la pueden deducir”.

Lo que no es tan sencillo de deducir es cómo hacen para convivir dos mujeres como Moria y Nacha. No sólo porque han mantenido disputas públicas, sino porque poseen posiciones políticas e ideológicas muy diferentes, podría decirse enfrentadas. “Es que eso no es importante”, dice Moria. “Yo, por ejemplo, en estos diez años que hice Brujas, he tenido mis entredichos con compañeras de elenco, pero a la hora de trabajar, trabajamos como profesionales; hay temas que son importantes, como para pelearse, hay otros que son pavadas.” “Eso es cierto”, dice Rafecas al respecto, “las ideologías se esfuman, en especial en el caso de los artistas, y nosotros somos todos artistas”, insiste.

Hablando de cosas sin importancia, le preguntamos a Moria por el affaire en “Bailando por un sueño”, donde se le quedó una peluca en la pileta por sumarse al aqua dance. “Lo hice a propósito”, dice ella con suficiencia, “me puse una peluca más corta que mi pelo para que se saliera, porque la Alfano dice siempre que uso peluca y quería que vieran que mi pelo natural no se desprendía.” Y luego agrega, como si hiciera falta: “Es que a mí me gusta cagarme de la risa de mí misma”.

Y, divertida, regresa al rodaje junto a Nacha Guevara.

Fuente: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0526/articulo.php?art=25735&ed=0526

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