IÑAKI URLEZAGA “Este es un país tan frívolo…Yo debo ser de otro lugar” (Diario Perfil)

octubre 31, 2010

IÑAKI URLEZAGA “Este es un país tan frívolo…Yo debo ser de otro lugar” (Diario Perfil)
espectáculos – domingo 31/10/10

IÑAKI URLEZAGA

“Este es un país tan frívolo…Yo debo ser de otro lugar”

El artista sigue a paso firme con su carrera como bailarín de danza clásica, coreógrafo y director de su propia compañía. Habla de sus dificultades como empresario, se muestra crítico del Teatro Colón y asegura que ya habló con Macri de la deuda que aún no le pagaron. Presenta dos espectáculos.

Por Analía Melgar

Si yo hubiera esperado que me llegaran propuestas para hacer algo en la Argentina, me hubiera muerto de hambre. En mi vida, todo ha sido autogestión.” Como bailarín surgido del Teatro Argentino de La Plata y del Teatro Colón, Iñaki Urlezaga siempre supo que debía construirse su propia carrera tocando todas las puertas, Así, a sus 34 años, trabaja como intérprete en diversas compañías internacionales, que lo convocan para proyectos puntuales, y como director y coreógrafo de su propio Ballet Concierto, iniciado en 2010.

Esta agrupación independiente ahora actúa en Buenos Aires, en el Teatro Coliseo, con dos programas. Iñaki vuelve a montar su versión bailada de la ópera La traviata, estrenada en 2009. Un año después, reaparece porque, “si bien rara vez repito algo, tenía ganas de hacerlo con La traviata porque es una producción impresionante, con orquesta en vivo, vestuarios fastuosos, y es la única vez en mi carrera en que la gente, saliendo de ver la función, iba a comprar entradas para el otro día”. El ángel vive es la otra obra que se verá en noviembre, sobre tangos de Piazzolla interpretados por la Camerata Porteña.

—¿Cómo es el funcionamiento de Ballet Concierto?

—Ensayamos en un estudio que es propiedad de mi tía, en La Plata. Hay 16 bailarines fijos, contratados anualmente, en relación de dependencia. Para las obras grandes, se convocan más bailarines, por audición. Para La traviata, somos casi cuarenta. Con la compañía, totalmente independiente, tomamos grandes desafíos. Ahí me dan los picos de estrés en la oficina, porque a veces cierran los números; a veces, no. El arte no es matemática. Nunca sabés si el productor te va a estafar, si el público va a acompañarte. Además, en este país no existe la ley de mecenazgo, los gobiernos siempre están en crisis y tenés que ver cómo solventar los proyectos, porque los acreedores vienen a cobrar: te entregan la escenografía y al día siguiente te están golpeando la puerta.

—¿Cómo se financian estos desafíos de Ballet Concierto?

—Gracias al hecho de poder armar temporadas internacionales en mi agenda. Si yo no tengo funciones, no tengo ingresos; si no hay ingresos, la gente no cobra, y si la gente no cobra, se te va. Lo que gano como artista en mis presentaciones lo destino al sueldo de los bailarines o a una nueva producción.

—¿Cómo percibís la cancelación de la temporada 2010 del Ballet Estable del Teatro Colón?

—No sé cuándo fue la última vez que el Colón tuvo una buena gestión. Ni siquiera cuando yo estaba en el Ballet. Hace muchos años que el Colón perdió seriedad. Lo de ahora es una reincidencia, más escandalosa, por su mal funcionamiento, por su negligencia como institución. Las autoridades no comprenden cómo manejar un teatro oficial, no conocen las necesidades de los trabajadores. No puedo creer que la cancelación de la temporada sea por capricho, porque un capricho sería algo demasiado peligroso que no puede permitirse en un directivo del Teatro Colón. En realidad, el Colón ya no es lo que era: sólo quedó la fachada, a la que le lavaron la cara. Hace falta, en vez de cerrar todo sin análisis previo, alguien sensato, no digo un Einstein, sino alguien con coherencia. Lo que pasa es que un teatro no puede tener leyes de cien años atrás, y aquí nadie previó el acondicionamiento, no edilicio, sino funcional, una reorganización laboral para una gestión que diera lugar a 2050, no a 1910.

—¿Qué pasó con la deuda que el Colón tenía con vos?

—El Colón me debe dinero, por una función cancelada y por toda la gente que trabajó para las tres funciones de Carmina Burana que sí se han realizado. Cuando ya estaban vendidas las entradas, al Teatro le embargaron las cuentas. Lo de las entradas quedó en una caja aparte que todavía no se puede tocar, porque falta la cooperación del Teatro para hacer la liquidación. Esto está así desde 2008. Al Colón ya no llamo porque ni me atienden. Puedo llamar al secretario del director, pero esa pobre persona no puede resolver esto. Tienen que ser ejecutivos a cargo y en curso, cosa que hasta hoy no han hecho. Ya se lo informé a Lombardi, a Macri. Me consta que Lombardi ha tratado el tema, lo ha seguido con buena predisposición, pero tampoco él lo puede solucionar. Los que deberían hacerlo son el director general, el administrativo o la persona que esté a cargo de los litigios económicos. Son ellos los que detienen esto, gente que no cumple.

—Estás refiriéndote a cuestiones internas de tu trabajo, pero no solés hablar de tu vida personal…

—No cuento de mi vida privada porque no hace falta. Este es un país tan frívolo, tan bananero… Yo debo ser de otro lugar… Sólo me interesa llegar a ser un artista algún día de mi vida. La chabacanería, mostrarte en una playa famosa, lugares inaccesibles para mucha gente, creerte que sos una celebridad, eso yo no puedo hacerlo. Para ser artista, no tengo que mostrar mi vida personal. Si no, es como vivir desnudo por la vida todo el tiempo. Más allá de éxitos y fracasos, trato de tener una continuidad, de salvaguardarme.

“Baryshnikov vino y no estuvo en el Colon”

Iñaki Urlezaga no para de bailar desde los siete años, cuando decidió su destino. Si descansa, no pasan más de 15 días sin entrenarse. Por eso, conoce las implicancias técnicas de la cancelación de la temporada 2010 del Ballet Estable del Teatro Colón: “Para un bailarín, dejar de bailar cinco o seis meses implica deterioro físico. Te vas deformando. Después, vienen el atrofiamiento muscular y las lesiones. Anímicamente, dejar de bailar cuando todavía podés hacerlo es como irte al desierto sin saber si vas a encontrar agua; es una medida suicida artísticamente. No quiere decir que los bailarines se vayan a morir, porque el Colón estuvo cuatro años cerrado, bailaron poco y nada, y a nadie le importó. Pero tener el Teatro cuatro años cerrado, abrirlo fantasmalmente y que no se sepa cuándo volverán a hacerse las funciones del Ballet, todo esto es algo infantil. Lo peor de todo es que, después de esta cancelación, va a seguir todo igual, como si nada hubiera pasado. La realidad es que, hoy por hoy, todo sucede afuera del Colón.

Es tristísimo decirlo pero todo sucede en otros espacios: Baryshnikov vino y no estuvo en el Colón; yo no estoy en el Colón; las generaciones de bailarines optan por irse del país o a compañías privadas.

Fuente: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0519/articulo.php?art=25198&ed=0519

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